Cuando mamá dice que no hables con extraños…

Lo dice por algo. ¿Os acordáis del chico que conocimos en el bar? ¿El que se sentó en nuestra mesa después de decir los primeros dos nombres españoles que le vinieron a la cabeza? Bien, pues es un tío raro. No es que hayamos quedado con el de nuevo, pero Jaime sí, y por lo visto era un tío de lo más curioso, y en un momento de la noche desapareció sin decir nada. Además para rematar la guinda, el otro día escribió a Tami al whats app una serie de mensajes en los que ponía algo así como: “Vale, mañana vamos a robar el banco. Me parece bien tu idea de llevar pasamontañas rosas para apoyar a la gente con cáncer de mama, es muy bonito. Acuérdate de hacer los sandwiches y cortarlos diagonal, acuérdate de lo que pasó la última vez que los cortaste mal. Esta vez no podemos reirnos durante el atraco, necesito conseguir mucho dinero porque quiero comprarme la sopera de oro con diamantes”. Justo después envió la foto de dicha sopera. Y justo después Tami le bloqueó en su teléfono. Así que esperamos no saber nada más del loco alemán.

Con amigos

Ya hemos pasado aquí la primera semana después de nuestras esperadas vacaciones en España. Aunque debemos decir que el día que volamos a España no fue el mejor día de nuestras vidas, de hecho, fue muy estresante: Por la mañana nos levantamos a las 6 para terminar de empaquetar todo y con la esperanza de que la casera decidiera abrirnos la puerta por la mañana para dejar todas las cosas que aun nos quedaban en casa. Después de dejar (por fin) todo en su casa, limpiar, dejar todo recogido, y quedar con Jaime para darle las llaves de casa (nos iba a dejar las cosas básicas en casa  el día que llegábamos, pues como recordaréis, tuvimos que dejar la casa vacía). Bien, pues como siempre, íbamos con el tiempo pegado, y cuando ya teníamos las maletas fuera, y todo recogido, nos acordamos de los billetes, y… ¿Donde estaban los billetes? directamente no estaban. Fue ahí cuando nos acordamos de que nuestro amigo Sebastian (que vino a despedirse la noche de antes) estuvo jugando con los billetes y no los debió dejar en el sitio donde los teníamos puestos para cogerlos y salir, así que tuvimos que llamar a Jaime (que ya estaba casi donde habíamos quedado para darle las llaves) para que fuera a su casa a imprimir. Pero como no era nuestro día, cuando Jaime llegó a casa, se dio cuenta de que no tenía tinta en la impresora, de hecho, por no tener, no tenía ni cartucho. Así que el pobre salió disparado a buscar un sitio para imprimir mientras nosotros buscábamos un taxi, que gracias a la ley de murphy, no apareció. Total, que al final le dimos a Jaime las llaves de casa prácticamente por la ventanilla del taxi, mientras el nos daba los billetes. Pero eso sí, llegamos al aeropuerto a tiempo y a Madrid antes de lo  estimado.

España

Nada más llegar nos fuimos directos a Zaragoza. Esperábamos encontrarnos un tiempo estupendo, soleado, casi veraniego, pero no. Lluvia, viento y nieve. La verdad es que nos sentimos como “en casa”. Después de las 3 horitas de avión, teníamos muchas ganas de llegar a casa, pues estábamos cansados, lo bueno era que apenas había tráfico, hasta que… ¡Vimos un accidente! Pero no un accidente de los que pasas al lado después de estar en un atasco, fuimos los únicos testigos del accidente, de como en el coche volcaba en la mediana. Claro, paramos el coche y ayudamos a la familia a salir. Por suerte a pesar de lo aparatoso del accidente (El coche dio una vuelta de campana se quedó boca abajo) ninguno de los pasajeros tuvo daños, tan sólo una mujer tuvo que ser atendida por una ambulancia debido a un ataque de nervios. Pero claro, tuvimos que quedarnos a hacer el informe de atestados, lo cual nos retrasó un montón. Pero finalmente llegamos, y aunque creíamos que ahí empezaba nuestra semana de descanso, estábamos muy equivocados.

 photo-16

Durante toda la semana, ¡No paramos ni un momento! Teníamos un horario de visitas y acontecimientos para poder ver a todas las personas que hacía más de 6 meses que no habíamos visto. Lo bueno es que vimos a casi todos (sentimos habernos perdido a algunos) , lo malo que daba la sensación de que estábamos demasiado poco tiempo con cada persona, pero de verdad que no podíamos hacer más.

De cañas

Eso sí, nos dio tiempo a todo: tomar cañitas y tapas, sacar de paseo a los perros, ayudar (aunque fuese poco) con la mudanza, jugamos a colonos, fuimos de compras, nos reencontramos con nuestros coches (Tami tenía unas ganas horribles de ver a Polo) y hasta tomamos el sol los últimos días de la semana. (Atención a la foto de Tami a lo “choni con su carro”).

Polito and Tami

Lo malo de pasarlo tan bien y de volver a ver a todos nuestros amigos y familia, fue que a medida que se iba acercando la fecha de vuelta, los ánimos iban cayendo, y sobre todo los de Tami, que se pasaba el día llorando. Menos mal que Borja tiraba de ella y la animaba para que se tomara la vuelta de la mejor forma posible.

Con Carmina

Y así llegó el tan poco esperado domingo. Nos fuimos con las maletas vacías y volvimos con las maletas llenas de comida (literalmente) y ¡Ah! la play station, la nueva compañera de juegos de Borja (y bueno, de Jaime, para que engañarnos, pues desde que está aquí la play han aumentado sus visitas de forma “sospechosa”) de hecho Jaime y Borja han hecho un fondo común para comprar juegos y mandos.

Tami-mami

Lo mejor de volver a casa fue que los Jaimes habían bajado todas las cajas que habíamos dejado en casa de la casera, y Jaime nos había hecho un tupper de espaguetis para comer al día siguiente (porque teníamos la nevera vacía). ¿Veis padres? No tenéis que preocuparos, aquí en el exilio nos cuidamos los unos a los otros, sobre todo entre Jaime y Borjami, que siguen con su “equipito”. Y hablando de Jaime, ha prometido cocinar este fin de semana para nosotros, de hecho, lo prometió hace meses, ¡ha creado unas expectativas altísimas! Así que ya os contaremos en nuestro próximo post que tal fue…

Solecito

Otra cosa buena de llegar a casa fue que por supuesto, la semana que estuvimos en España fue la semana más calurosa en Edimburgo de lo que llevamos de año, y está todo el jardín lleno de flores, y el seto que creíamos que estaba muerto, resulta que no, ¡Ahora está lleno de hojas! y los vecinos  ya no nos pueden espiar (por lo menos hasta que sea otoño).

En fin, nos despedimos de este post mandando un beso enorme a toda la gente a la que tuvimos la suerte de ver (Mamás y papá, tios y primos, abuelitas que nos ven más delgados, amigos, compis de ofi, mascotas, coches…) y otro beso para los que no pudimos, ¡Esperamos que en la próxima haya más suerte! Aprovechamos para contaros que estamos re-decorando el salón, ya que como estos días hemos estado de mudanza de retorno aun no lo tenemos preparado.¡Ya os enseñaremos como queda!

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