El pollo abandona el nido

Septiembre empezó con una mala noticia: Jaime, nuestro “hijo” en el exilio, se volvía a España.

Jimmieee

Para aprovechar los últimos días que nos quedaban a los tres juntos (como ya os hemos dicho en otras ocasiones, siempre íbamos en “equipito”) decidimos hacer un viaje a los Highlands. El primo Jaime estuvo a punto de acompañarnos, pero decidió no hacerlo en el último momento.

El viaje duró 4 días,  aprovechamos para cogernos unos días libres, y así no pegarnos una paliza de coche. La primera parada del viaje fue en un pueblecito cerca de Newtonmore, en un pequeño Bed&Breakfast. El plan era llegar y dar un paseo por la zona, pues íbamos a salir sobre las 4 de Edimburgo, lo que suponía que en dos horas aproximadamente estaríamos en nuestro destino. Con lo que no contamos, es que para ir a donde estaba Borja, teníamos que ir en tren y el tren tardó en llegar 40 minutos… Con lo que tampoco contábamos era que iba a haber un súper atasco que nos tuvo parados unas dos horas literalmente. De hecho bajamos a coger cosas del maletero… ¡Qué horror! Aunque hay que decir, que vivir un atasco aquí, no es lo mismo que en España… Aquí todo el mundo se respeta, nadie pita, nadie pone una mala cara… De hecho hasta vimos un camión espontáneo “regulando” el tráfico para que nadie se colase… Un civismo que ya se podría ver en otros sitios.

Desayuno

El sitio donde pasamos la primera noche era precioso… Aunque a decir verdad, cuando llegamos ya era muy tarde y no lo vimos hasta el día siguiente. Era una finca con caballos en medio de una explanada verde ¡Una pasada! Aunque no lo disfrutamos mucho tiempo ya que al día siguiente nos fuimos nada más desayunar. Nuestro objetivo era llegar esa noche al Lago Ness, pero decidimos ir tranquilamente parando donde nos apeteciese, por lo que de camino pasamos por varios lagos, fortalezas, bosques… Todo muy bonito y muy recomendable.

Bosque

Paisaje

En el Lago Ness nos hospedamos en el que presume ser el único hotel con vistas al lago, y hay que reconocer que era una pasada. Estaba en una de las orillas del lago, y desde todas las habitaciones se veía la casa del Nessie (a quién por cierto, no vimos). Así que vimos el atardecer y el amanecer en el Lago Ness desde la cama.

Lago Ness

La verdad es que es una pena, porque al ser un lago tan explotado turísticamente, es prácticamente imposible encontrar una zona en la que dar un paseo por la orilla, pues todo son carreteras a los lados, pero nos las apañamos para encontrar un camino, que aunque era un poco accesible (en un punto había que cruzar un río) la verdad es que mereció la pena. Los chicos se metieron en el lago (los pies) aunque todos acabamos bastante mojados (ese día llovió mucho) y al llegar al hotel nos quedamos fritísimos.

Al día siguiente teníamos previsto dormir en Fort William, y de camino paramos en varios bosques, pueblos, lagos (sobre todo lagos), pero si hubo un sitio que nos gustó, fue Fort Augustus, que es un pueblo que se encuentra en uno de los extremos del Lago Ness. Aparte de que nos hizo un tiempo estupendo, en el pueblo hay una escalera de exclusas que es impresionante.

Escalera de exclusas

Por la noche llegamos a Fort William. Nos alojábamos en un hostel un poco alejado del centro de la ciudad, pero muy cerca de la montaña más alta de Gran Bretaña, el Ben Nevis la cual, subimos al día siguiente (bueno… quien dice subimos, dice como 3/4 porque una vez que empezamos a tomar altura, había muchísima niebla y no se veía nada… Pero si alguien de aquí pregunta, diremos que subimos hasta la cima).

Ben Nevis

Hay que reconocer que el camino de subida es horrible, y hay momentos en los que te planteas seriamente el buscar en google “cima del Ben Nevis” y abandonar el reto… Pero si la subida es horrible, la bajada es mucho peor: son todo “escalones” de piedra enormes llenos de barro y musgo (súper resbaladizo), y de verdad que aunque parezca mentira, cuesta mucho más bajar.

Ben Nevis

Tras el “paseito” por la montaña, fuimos a hacer un visita obligatoria para los fans de Harry Potter, y fuimos al famoso puente por el que tantas veces hemos visto cruzar al “Expreso de Hogwarts” en las películas. Sabíamos que el tren de vapor pasaba unas cuantas veces al día, así que decidimos esperar para verlo… La verdad es que nos liamos un poco con los horarios y estuvimos esperando más de lo que habíamos pensado en un principio, pero mereció la pena.

Harry Potter

Una vez cumplida la misión “Harry Potiense” nos pusimos en marcha hacia casa. Nada más subir al coche, Jaime se desmayó y no abrió los ojos hasta llegar a casa (bueno, y cuando paramos en Glencoe, un valle espectacular), así que la verdad es que fue un compañero de viaje de lo más mediocre… 😛

Septiembre acabó con el cumplimiento de la mala noticia y Jaime se fue a España. La verdad es que es una pena, pues se le echa mucho de menos… Pero por lo menos, ya tenemos refuerzos nuevos, pues Corti y Regi se han unido a los exiliados en Edimburgo y se nos ha hecho menos difícil acostumbrarnos a que nuestro hijo escocés ha dejado el nido.

¡Va por ti Jimmiieeeee!

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