Sol: Eso era una parada de metro… No?

En éste último año estamos cogiendo más aviones que en prácticamente el resto de nuestra vida, y es que entre volver a casa y explorar por “la zona” estamos viajando un montón. Nuestros dos últimos viajes han sido bastantes “fríos”, y a pesar de que últimamente lo que echamos de menos es el sol, y no la nieve, los dos viajes han merecido mucho la pena. El primero fue a Sierra Nevada con “los Papichis” que nos invitaron a pasar una semana estupenda en la nieve con ellos. Además, ya de paso aprovechamos y pasamos un par de fines de semana en Madrid, que nos supieron a poco y se pasaron demasiado rápido, pero nos calmaron las ganas de “casa”. A nuestra llegada a Barajas (Siempre se llamará así) nos estaban esperando Clara y Jaime (que ya ha aparecido alguna vez por este blog) para llevarnos de cañas por Tribunal donde esperaban más amigos y celebrar así el cumpleaños de Borja. Fue una noche para el recuerdo y una celebración de los 27 genial. cumpletribu Por supuesto, y como no podría ser de otra forma, cuando estuvimos en Madrid llovió. Por si aun no os habéis dado cuenta, el 100% de las veces que hemos viajado a Madrid durante el tiempo que llevamos viviendo aquí, ha llovido siempre y además ha hecho frío. Vamos, que no nos libramos del mal tiempo ni para atrás… Pero el mal tiempo con la familia y los amigos se lleva con otra actitud. Sierra Nevada En Sierra Nevada nos alojamos en un hotel que era muy mono, todo de maderita y con unas vistas alucinantes a Granada y a la sierra. El día que llegamos el tiempo era espectacular, ¡Hasta nos quemamos un poco comiendo en Granada! (somos como guiris) Lo malo es que todo el mundo aprovechó para pasar el día en la Sierra, lo que se tradujo en un atasco de más de dos horas para hacer un recorrido que normalmente se debería hacer en 5 minutos en coche (sin exagerar). El primer día de esquí nos despertamos acompañados de una niebla muy espesa y de una tormenta de nieve, con lo cual nuestro gozo de esquiar por la mañana se quedó en un pozo. Sin embargo por la tarde pudimos estrenar las pistas y más tarde, como había nevado mucho hicimos un muñeco de nieve enorme. Snowman El resto de días pudimos esquiar un montón con una temperatura y una nieve buenísima, aunque el día de la despedida de las pistas, subió un montón de niebla a la montaña, y hubo un momento en el que apenas se veía nada. Fue “gracioso” porque Borja  iba guiando a todos a través de las pistas (es muy buen esquiador)  y poco a poco se nos unía gente que decía “sigue a esos que saben”. Al final conseguimos bajar toda la montaña sanos y salvos, aunque al llegar abajo, Papichi y Milili nos abandonaron, pero nosotros seguimos esquiando un buen rato entre la niebla (que aunque es un rollo porque no se ve nada, es una pasada por otra parte, porque esquias prácticamente solo). En la niebla Sin duda una de las mejores semanas del año. 🙂 El segundo de nuestros viajes a zonas frías fue a Oslo. Nunca habíamos hecho un viaje tan improvisado como ése, pero la verdad es que lo pasamos muy bien. Eso sí, a pesar de que el vuelo fue una ganga… El resto del viaje salió carísimo, ¡No os podéis imaginar lo carísimo que es Oslo! Y eso que fuimos en plan “pobre” y comimos en McDonals y Burger King casi todo el tiempo… Pero con deciros que la hamburguesa de 1 libra allí cuesta el doble, no hay más que contar. Eso sí, hay que decir a favor de la ciudad que había gente regalando bolsas de patatas fritas, y nosotros al más puro estilo “ahora me hago una coleta y no me va a reconocer” nos hicimos con más de 10 bolsas que nos sirvieron de alimento durante las mini-vacaciones (sí, tenéis todo el derecho a llamarnos cutres). Oslo Oslo es una ciudad muy pequeñita y aunque tiene encanto, hay que reconocer que no es la ciudad más bonita de Europa. Pero por supuesto nos la recorrimos de “cabo a rabo” y visitamos todo lo que pudimos: la fortaleza, el centro, el puerto, la península del museo Vikingo (no ponemos los nombres porque son impronunciables e “inrecordables”) y por supuesto la Galería Nacional donde no pudimos evitar hacernos ésta foto con su cuadro más famoso: El Grito de Munch   También merece la pena ver el trampolín de saltos de esquí de Holmenkollen (aunque os advertimos que subir es una paliza porque los escalones están pensados para gente muy alta)  y el edificio de la ópera ¡Parece un iceberg!. Holmenkollen El sábado decidimos alquilar un coche para ver un poco los alrededores, y aunque no llegamos a los famosos fiordos (todo lo que nos apetecía visitar estaba a 7 horas, era como una tarifa plana), vimos sitios muy bonitos que nos hicieron quedarnos con las ganas de volver, pero para hacer la ruta entera de los fiordos, la famosa carretera del Atlántico, el púlpito… Y con un coche que a ser posible no tenga kilometraje limitado, pues el que alquilamos tenía un límite de 100 KM, y si te pasabas había que pagar más… Bien, pues (como era de esperar) nos pasamos en más de 100 KM, pero tuvimos la gran suerte (ya cuando estábamos mentalizados para pagar) de que a la chica se le olvidó del todo mirar el cuentakilómetros, así que (a pesar de que,otra vez, vamos a parecer unos cutres) la dedicamos la mejor de nuestras sonrisas, y nos fuimos  a nuestra habitación. Ópera de Oslo Durante la excursión vistamos Drammen (al sur de Oslo). Se suponía que en esa ciudad estaba la casa de Papá Noel (la casa de verano suponemos) pero no la encontramos, además hacía muchísimo frío y llovía con lo cual tampoco pudimos dedicar tanto tiempo como nos hubiese gustado para verla). También fuimos a un pueblecito muy mono llamado Sylling, donde comimos con unas “privilegiadas” vistas al lago Tyrifjorden. En ese lago por cierto, es donde está la Isla de Utoya, en la que en 2011 tuvo lugar el terrible atentado. El camino por el que se veía la Isla tenía varios altares improvisados, la verdad es que se te cambiaba el áimo al verlo. Tuvo que ser horrible.  También llegamos a Honefoss, dónde teníamos pensado ver unas cataratas bastante conocidas, pero como aun no es época de deshielo, vimos rocas sin agua. Sybling A pesar de todo, fue un viaje de lo más divertido, y conseguimos desconectar del trabajo del todo. Eso sí, sol sol, lo que se dice sol… Más bien poco.

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