Cuando el río suena, Catarata lleva

Aunque seas un topógrafo experimentado, cuando vas de viaje a Islandia, te das cuenta de que por mucho que te fijes en escalas de los mapas y en los “atajos” para llegar a tu destino, siempre vas a tardar mucho de lo previsto dado que hay muchos factores que influyen (paisajes que piden a gritos una foto, cambios climatológicos,estado de las carreteras y, por supuesto, señalización que deja mucho que desear).

Mapas en Islandia

En los mapas todo parece muchísimo más cerca de lo que está realmente. Eso, añadido al pésimo estado de la mayoría de las carreteras, hizo que todas nuestras estimaciones en cuanto a tiempo-distancia, no sirvieran para nada.

El segundo día con coche, pasamos la noche a la entrada de la península de Snæfellsnes, por lo que decidimos ir al famoso volcán de Snæfellsjökull, a través del cual se entra al centro de La Tierra, según la novela de Julio Verne.

Nuestra estimación era hacer todo el recorrido en unas cuatro horas como mucho. Pero no contábamos con el clima (que pasó de viento a huracán, de huracán a lluvia enfurecida, y de lluvia enfurecida a niebla espesa). Resultado: después de más de dos horas en una carretera de tierra, sin poder ver apenas a un metro de distancia por la niebla y con una lluvia que podría haber acabado en la creación de un nuevo mar, nos dimos la vuelta.

Islandia

Fue una decepción, pues más de medio día se nos fue en intentar llegar al volcán (que se nos quedó en la lista de una futura expedición). Así que decidimos poner rumbo a nuestro siguiente objetivo: la pequeña catarata de Kirkjufellfoss (catarata de la Montaña-Iglesia). No es que esa catarata tenga nada en especial, pero vimos una foto en internet que nos gustó mucho y queríamos intentar hacer la misma. Claro que las foto que hay en internet son de días perfectos y el día que fuimos nosotros caían chuzos de punta… Además de que la foto no salió bien, esta fue nuestra experiencia:

Poco a poco el día se fue calmando y salió el Sol, porque , como dicen allí: “Si no te gusta el tiempo…espera cinco minutos”. Fue de agradecer para nuestra siguiente parada del día: Hvitserkur (también conocida como La Roca Troll). Cuenta la leyenda que la roca en realidad era un malvado troll que salió del mar para atacar a las granjas de la zona, con la “mala suerte” de que fue sorprendido por el amanecer y se quedó petrificado. Es posiblemente la roca más icónica de Islandia y un punto obligatorio de visita.

También hay quien la compara con un dinosaurio pastando, a nosotros nos gusta más la primera versión, es más… escandinava.

Hvitserkur

Tras dar un paseo por la playa, decidimos seguir a nuestro siguiente objetivo: la playa de las focas.

El día fue mejorando a medida que iba avanzando y el tiempo se quedó muy agradable en el atardecer. Tuvimos mucha suerte también porque estuvimos solos durante la mayor parte del tiempo viendo a las focas —o rollitos de grasa como los llama Borja— lo que hizo que nos quedáramos disfrutando del momento un buen rato.

Focas

Como siempre, de vuelta al hotel se nos hizo de noche y tras entrar en la granja equivocada, llegamos a nuestro destino: una granja llamada “Magical Horses”  que estaba en medio de la nada. Llegamos con el tiempo justo para dormir, desayunar y salir disparados hacia nuestro siguiente objetivo, Akureiri, la segunda ciudad más grande del país.

Hicimos algo de tiempo paseando (aunque es algo pequeña y no da mucho de sí) para comprar existencias en un supermercado, que a esas horas aun estaba cerrado. En cuanto tuvimos todo lo que necesitamos nos fuimos a ver nuestro siguiente destino: Godafoss (la catarata de los dioses).

Godafoss

Godafoss es una catarata muy bonita, lo malo es que está literalmente al lado del parking donde se dejan los coches, lo que le quita un poco de “encanto”.

En este momento del viaje decidimos improvisar un destino que se antojaba interesante: Aldeyjarfoss, una catarata en la que destacan sus columnas basálticas en los laterales y su ensordecedor ruido. Está bastante alejada de la “Ring Road” (la carretera principal de la Isla) pero merece mucho la pena. Además, como pilla un poco a desmano, hay muy pocos turistas. La mejor opción para llegar, es ir en un todo terreno, pues hay un momento que la carretera se convierte en una carretera tipo “F” (de Montaña) y supuestamente en el camino había que vadear ríos . Sin embargo, en la “Lonely Planet” ponía que no había problema en llegar andando puesto que se trata de una “rutita” de 2 km desde la bifurcación donde tienes que dejar el coche. En nuestra ignorancia, decidimos fiarnos y andar, es más, a la ida, como íbamos tan animados y con tantas ganas de ver la catarata fuimos corriendo. Qué inocentes fuimos…

Tras correr un rato, y caminar más de una hora cuesta arriba, llegamos a la catarata. ¿Dos kilómetros? ¡Já!

Aldejarfoss

En ese suplicio de camino pensamos en hacer auto-stop. Pero de camino hacia la catarata sólo (ya no se acentúa) pasó un coche volviendo de la catarata, y a la vuelta, que también barajamos la posibilidad de parar a un coche, sólo pasó un coche en dirección a ella. ¡Gracias Murphy!

Como habíamos invertido más tiempo del que nos hubiera gustado en hacer esa excursión, decidimos coger un “atajo” para llegar a nuestro siguiente destino, el lago de Mývatn (Lago de las moscas). El atajo nos brindó unas espectaculares vistas de explanadas inmensas con todos los colores que puede ofrecer el otoño y más allá de estas, en el infinito, se divisaba la gran columna de humo que emanaba de la fisura volcánica que se encuentra activa en este momento. Sin embargo la carretera era horrible, apenas había espacio para un coche pequeño, y de hecho en un punto del camino, había que atravesar una laguna en la que literalmente, se pasaba por un terraplén que cortaba la laguna en dos que parecía bastante endeble.

Definitivamente esa carretera era mucho menos apta para coches e infinitamente más peligrosa que la carretera que nos hicimos corriendo para llegar a Aldeyjarfoss.

Por suerte tanto el coche como el conductor se portaron muy bien y llegamos a Mývatn sanos y salvos.

Mivatn

 

 

 

 

 

 

Todo parece muchísimo más cerca de lo que está realmente. Eso, añadido al pésimo estado de la mayoría de las carreteras, hizo que todas nuestras estimaciones en cuanto a tiempo-distancia, no sirvieran para nada. De hecho, el segundo día que teníamos el coche, decidimos ir al famoso volcán de XXXX. A través del cual se entra al centro de la tierra, según la novela de Julio Verne.

Nuestra estimación era llegar en unas dos horas como mucho. Pero no contábamos con el tiempo (que pasó de viento a huracán, de huracán a lluvia enfurecida, y de lluvia enfurecida a niebla espesa. Resultado: Después de más de dos horas en una carretera de tierra, sin poder ver apenas a un metro de distancia por la niebla y con una lluvia que podría haber acabado en la creación de un nuevo mar, nos dimos la vuelta.

Fue una decepción la verdad, pues más de medio día se nos fue en intentar encontrar el volcán y vuelta. Pero decidimos poner rumbo a nuestro siguiente objetivo, la pequeña catarata enfrente de Kirkjufell. No es que esa catarata tenga nada en especial, pero vimos una foto en internet que nos gustó mucho y queríamos intentar hacer la misma. Claro que la foto que había en internet era de un día soleado. El día que fuimos nosotros caían chuzos de punta.

Tras entrar por un camino embarrado, llegamos a una pasarela en obras que cruzaba un río enfurecido, con lo cual decidimos que era hora de caminar. La pasarela, además de ser parecer endeble por todas las obras que había alrededor, era el punto donde más agua llegaba sin duda, pues el viento infernal iba en contra de la catarata, lo que daba un aspecto a la zona bastante aterrador. La “mitad del equipo” decidió quedarse en el coche (sabia decisión), mientras que la otra mitad (Borja en concreto), se fue cámara y chubasquero en mano a hacer la foto.

La foto salió mal. Para que vamos a engañarnos… Pero el que realmente salió mal parado fue Borja. Y como una imagen vale más que mil palabras (y suponemos que un vídeo muchísimo más) os dejamos aquí con la grabación desde el coche de la experiencia de Borja haciendo la foto…

Para evitar coger un catarro, Borja decidió quitarse toda la ropa en en coche (abrigo, pantalones, jerséy…) y lo “pusimos a secar”. Bueno, más bien convertimos el coche entero en una secadora poniendo la calefacción al máximo. Por suerte Borja estaba preparado para las temperaturas tropicales que creamos en el coche.

Poco a poco el día se fue calmando y salió el sol, lo que fue de agredecer para nuestra siguiente parada del día: La roca-troll (también conocida como Hvitserkur). Cuenta la leyenda que la roca en realidad es un malvado troll que salió del mar para atacar a las granjas de la zona, con la “mala suerte” que fue sorprendido por el sol y se quedó petrificado. Es posiblemente la roca más icónica de Islandia y un punto obligatorio de visita.

Tras dar un paseo por la playa, decidimos seguir a nuestro siguiente objetivo: la playa de las focas.

Tuvimos la suerte de que cuando llegamos allí, el sol había aparecido entre las nubes y que estuvimos solos durante la mayor parte del tiempo viendo a las focas (o rollitos de grasa como los llama Borja) muy de cerca.

Como siempre, de vuelta al hotel se nos hizo de noche y tras entrar en la granja equivocada, llegamos a nuestro destino: una granja llamada “magical horses” que estaba en medio de la nada. Llegamos con el tiempo justo para dormir, desayunar y salir disparados haciendo nuestro siguiente objetivo, Akureiri, la segunda ciudad más grande del país.

Como la ciudad no daba mucho de sí, nos fuimos a ver la siguientes cataratas del viaje: Godafoss y Aldejarfoss.

Godafoss,la catarata de los dioses, es muy bonita, lo malo es que está literalmente al lado del parking donde se dejan los coches, con lo cual no hay que caminar para llegar a ella y está muy concurrida ya que paran muchos autobuses. En cambio para llegar a Aldejarfoss nos dimos el paseo más largo de todo el viaje.

Para llegar a ella, había que ir en un todo terreno, pues supuestamente había que vadear ríos. Sin embargo, en la “lonely planet” ponía que si andabas 2 km desde el último punto seguro para llegar con un coche normal, se podía llegar también. En nuestra ignorancia, decidimos andar dos kilómetros. Es más, a la ida, cómo íbamos tan animados y con tantas ganas de ver la catarata fuimos corriendo (además de para ahorrar tiempo). Bueno, pues tras correr un rato, y caminar una hora, llegamos a la catarata.

Hay que decir que merecía muchísimo la pena, pero claro, fue más de una hora de camino para llegar… Pensamos en hacer auto-stop. Pero de camino hacia la catarata sólo pasó un coche en dirección contraria y a la vuelta, que también guardábamos en la manga el “as” de parar a un coche, sólo pasó un coche en dirección a la catarata.

Como habíamos invertido más tiempo que el que nos hubiera gustado en hacer esa excursión, decidimos coger un “atajo” para llegar a nuestro siguiente destino, el lago de Mivatn. El atajo no podemos decir si fue buena o mala idea, porque aunque eran bastante menos kilómetros por este camino de cabras con un colorido otoñal espectacular, apenas había espacio para un coche pequeño. De hecho, había que atravesar una laguna que, literalmente, se atravesaba por un terraplen de arena puesto en medio. Pero tanto el conductor (que en este punto ya se había doctorado en piloto de rallys) como el coche se portaron muy bien, y llegamos a Mivatn sanos y salvos.

 

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