Highway to Hell (bueno, más o menos)

Bueno, la carretera al infierno no llevaba, pero viajar en ella fue una verdadera penitencia. Pero empecemos desde el principio.

Después de ver unas increíbles auroras boreales durante la noche anterior ( os lo contaremos más adelante), nos levantamos dispuestos aprovechar al máximo el día, pues por la tarde anunciaban lluvia y no queríamos hacer turismo empapados.

La primera parada del día fue en un secadero de pescado, que por cierto es un plato típico islandés.  Fue muy curioso (y un poco raro) ver a los salmones colgados como si fueran ropa mojada.

Secadero de pescado

Nuestra siguiente parada era la zona de Hrevir donde están las sulfataras (que a lo mejor recordáis puesto que os hablamos de ella cuando fuimos en verano).

Era una pasada ver como las placas de hielo que cubrían prácticamente toda la superficie de Islandia estaban derretidas en la mayor parte de esa zona y además la tierra estaba seca. Ese sitio nunca dejará de impresionarnos. Eso sí, a pesar del calor que desprendía el suelo, fue uno de los sitios donde más frío pasamos.

Hrevir

Tras salir de ahí, íbamos a ir a la carretera de las centrales geotérmicas, donde se encuentra la tubería que atraviesa la carretera por encima, pero antes de pasar por ahí (está prácticamente enfrente) decidimos deshacer el camino del día anterior para intentar encontrar la cámara de Sara, que se le cayó en la catarata de Godafoss. Fue un poco paliza y además no encontramos la cámara… pero bueno, al menos lo intentamos. Lo malo fue que cuando llegamos de nuevo a la zona geotérmica estaba empezando a nevar y apenas pudimos bajarnos del coche…

Zona geotérmica - Islandia

Tampoco se podía llegar hasta la zona del cráter Viti (un poco más adelante). Por lo que nos fuimos, directamente, a visitar la catarata de Detifoss, y que también habíamos visitado durante nuestro viaje anterior. ¡Y eso sí que fue un shock! Es un lugar completamente distinto si se visita en verano o en invierno. Para empezar, la ruta que en verano era entre rocas y con desniveles considerables, era llana y estaba cubierta de nieve (muuuucha nieve). En verano además puedes acercarte hasta prácticamente el caudal del río Jokulsá, pero en invierno sólo puedes llegar hasta un punto bastante alejado y elevado, desde el cual no se ve todo el salto de agua y es un poco menos impresionante (además tampoco vimos el arco iris), pero desde luego merece la pena ver el contraste.

Detifoss

Lo mismo ocurre con las cataratas de Selfoss, apenas a 15 minutos andando de Detiffos y que además tenían menos caudal de agua.

Las visitas de ese día se acabaron ahí, ya que, aunque no lo sabíamos, no nos daría tiempo a llegar las siguientes excursiones. Nos habíamos mentalizado de que iba a ser un día un poco pesado de coche, pues aun nos quedaban muchos kilómetros por delante, y los ‘atajos’ que teníamos pensado coger estaban todos cerrados por la nieve. Pero a pesar de todo, fue mucho más pesado y desde luego muchísimo más peligroso de lo que habíamos imaginado.

Myvatn

El camino entre Detifoss y los fiordos del este, es una zona de puerto de montaña (fue de hecho donde en nuestro viaje anterior acabamos cantando villancicos para no dormirnos y no pasar miedo), que si ya en condiciones normales es una carretera complicada, añadid a eso nieve, viento, lluvia, placas de hielo (que eran como pistas de patinaje para coches) y por supuesto, se nos hizo de noche.

Por suerte la prima Anapi, que está acostumbrada a conducir en situaciones de ese tipo nos llevó fenomenal, a pesar de la no-visibilidad, de que el coche patinaba todo el tiempo y de que no pudimos parar a estirar las piernas durante mucho tiempo.

Carretera en invierno - Islandia

Tras más de 3 horas que se hicieron como 5, llegamos a la primera parada, la ciudad de Egilsstaðir (donde por cierto fue donde aterrizamos el primer día) y donde aprovechamos para echar gasolina. Íbamos tranquilos pensando que lo peor ya había pasado, pero estábamos muy equivocados: Nos esperaba otro puerto de montaña con una súper tormenta de nieve, sin iluminación y con unas cuantas horas de coche a la espalda. Fue horrible. (De hecho íbamos todos tan tensos que ni se nos ocurrió sacar la cámara para hacer fotos).

Islandia - Carretera cortada

Además justo por la mañana habíamos mirado la página del tiempo en Islandia, y ponía que había alerta de avalanchas y movimientos de tierra por toda la isla. Por alguna razón, mientras íbamos de noche entre montañas cubiertas de nieve y sin parar de llover/nevar, era lo único en lo que podíamos pensar. Tras otras 3-4 horas de coche, por fin llegamos a nuestro destino de ese día: Djupivogur.

Muy cerca de la casa donde nos alojamos esa noche (que por cierto tenía unas vistas espectaculares a los fiordos) se encontraba el paseo marítimo de “los huevos” (suena raro dicho así), también conocido como Eggin i Gledivik, así que al día siguiente como nos despertamos con un sol espectacular, decidimos visitarlo.

Eggin i Gledivik

Este paseo marítimo tiene 34 huevos de granito que representan las distintas especies más caraterísticas de aves que se pueden encontrar en Islandia. ¡Es muy curioso! Tras una parada rápida (el paseo no da para mucho más) nos pusimos en marcha hacia la siguiente aventura.

Por cierto, si queréis comparar como es todo lo que visitamos en verano, podéis verlo en nuestro post “Las luces de la oscuridad”.

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