El Día del Ventarrón

Cuando creíamos que el tiempo de Islandia no podía empeorar, llegó la noche del viento… Con rachas de más de 180 km por hora según el servicio meteorológico islandés (recomendamos que si planeáis un viaje a Islandia, sobretodo en invierno, lo vayáis revisando asiduamente). Creíamos que la cabaña iba a salir volando al más puro estilo ‘Mago de Oz’, pues sentíamos como se agitaba de un lado para otro y varias veces nos despertamos por los crujidos de la madera.

Iglesia de Vik

Para que os hagáis una idea, en la televisión alertaron de que era mejor no salir de casa… Pero teníamos muchas cosas que ver por el camino y no nos lo podíamos permitir. Eso sí, esperamos a que parase el viento para ponernos en marcha, por lo que el día empezó más tarde de lo normal.

Borja y Tami en Islandia

Tras comprobar que el viento no había volcado el coche (no os riáis, fue uno de nuestros mayores miedos esa noche), nos pusimos de camino hacia la catarata de Skogafoss. Sin embargo, debido a las condiciones del terreno, estaba cerrada a visitantes, así que con nuestro gozo en un pozo tuvimos que ponernos en marcha hacia el valle de Fjardrargljufur (también conocido como ‘el valle de Borja’), aunque de camino hicimos algunas paradas.

Vigas de puente

Las vigas del puente que os contamos en un post anterior era una visita obligada, así como las distintas cataratas y paisajes que te vas encontrando a lo largo del camino. Sin duda lo que más nos llamó la atención de ver esa zona en invierno fue:

  • Debido al viento hay veces que parece que las cascadas van ‘hacia arriba’ en vez de caer.

Catarata hacia arriba

  • A los lados de la carretera se forman lagunas con un agua de un color que jamás habíamos visto antes. Daban ganas de pararse en todas para hacer fotos. Era espectacular.

Agua y hielo

  • Las cataratas más caudalosas tienen por lo general formaciones de hielo de lo más curiosas (nuestra favorita fue una que parecía una morsa tuerta).

Cascada de la morsa

Otra parada que no podía faltar antes de llegar al valle era el suelo de la iglesia o Kirkjugolf, que por suerte no estaba cubierto por la nieve (aunque sí que había bastantes placas de hielo) y los musgos que hay a los lados de la carretera en esa zona, que parecen colchones naturales. Son súper blanditos :).

Musgos blanditos

El Valle de Fjardrargljufur fue uno de los sitios que nos quedamos con ganas de explorar en más profundidad la primera vez que fuimos, y fue por ello que nos dimos un gran paseo por la zona disfrutando del paisaje. Aunque no había mucha nieve, sí que había placas de hielo, por lo que había que ir con mucho cuidado… Aunque lo peor fue en el camino que había de la carretera principal al valle: nos encontramos con un montón de nieve por la que había que pasar el coche al lado de un barranco…

Valle de Fjardrargljufur

Por la tarde nos tocaba visitar la zona de Vik, que estaba especialmente bonita (suponemos que tiene mucho que ver que cuando fuimos la vez anterior llovía tanto que no pudimos bajar del coche).

Playa de Vik

Decidimos ir a visitar la playa desde donde se pueden las famosas rocas troll de Vik, además de la pared de roca basáltica (que es del mismo estilo que la Calzada de los Gigantes). La verdad es que era una playa preciosa. El mar estaba muy revuelto por el temporal y más de una vez tuvimos que salir corriendo porque las olas nos alcanzaban (de hecho Anapi se mojó un poco los pies).

Columnas basálticas

Nuestro siguiente punto en el camino era la más que famosa ‘playa del avión’ (que en realidad realidad es la playa de  Sólheimasandur). Es una pasada, parece el escenario de una película, pues en mitad de la arena te encuentras con el fuselaje de un avión del ejército de la marina de Estados Unidos  que tuvo que aterrizar de emergencia en la playa tras un problema en noviembre de 1973. Por suerte todos los pasajeros del avión sobrevivieron.

Playa del avión

Para terminar el día, fuimos andando hasta la lengua del glaciar Sólheimajökull lo malo es que ya estaba oscureciendo y no lo pudimos ver como se merece… Tras un par de horas en el coche, llegamos al que sería nuestro último alojamiento en Islandia, un pueblo que estaba lleno de invernaderos iluminados con luz artificial que se veían desde bastante lejos… Desde luego no era el mejor sitio para intentar ver Auroras y el tiempo tampoco acompañaba.

Círculo dorado

Al día siguiente vimos el circulo dorado bajo la nieve (no sin antes perdernos por una carretera llena de hielo), con un frío horrible y con muchísimos más turistas de los que encontramos en septiembre… La zona de Geysir estaba especialmente llena de gente (y algunas personas un poco raras). Vimos a un grupo de asiáticas con una chica occidental vestida como una muñeca de porcelana a la que iban haciendo fotos como si fuera una atracción más… Además una de las chicas llevaba bolsas de plástico en los pies… Raro, raro…

Strokkur

Tras dar un paseo rápido y acabar empapados de arriba abajo, nos pusimos de camino hacia el aeropuerto para volver a Edimburgo.

Y como una vez más se nos volvieron a quedar un montón de sitios en la lista de cosas sin hacer, estamos seguros de que volveremos a Islandia (pero definitivamente no en invierno).

Borjami en Islandia

¡Feliz fin de semana!

 

Ps. Si alguno de vosotros tenía los cuentos de Disney que venían con cassettes naranjas, seguro que os suena el título del post. 🙂

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