Visitando San Diego con Jet Lag

Tras 12 horas de avión, 5 horas de espera un aeropuerto y más de 2 horas conduciendo, llegamos a San Diego. Lo primero que hicimos nada más bajar del coche, fue pisar una caca de perro. Además los dos pisamos la misma ¡Menos mal que esas cosas dan suerte!

Borja y Tami en California

En San Diego nos estaba esperando el primo Jorge, al que hacía casi 3 años que no veíamos. No sabéis que ilusión nos hizo el reencuentro. Sobre todo porque teníamos por delante unos cuantos días para ponernos al día :).

A pesar de que hacía más de 24 horas que no nos metíamos en una cama y lo estábamos deseando, utilizamos nuestras últimas fuerzas en ir a recoger a Chloe (la novia de Jorge) al trabajo. Eso sí, en cuanto llegamos a casa, fue tocar la cama y caer como troncos hasta el día siguiente.

Coronado

Por la mañana empezamos con la visita de San Diego no sin antes meternos un súper desayuno entre pecho y espalda (también salimos a correr por el parque, pero el calor al que ya no estamos acostumbrados acabó convirtiendo la carrera en una especie de tortura, por lo que acabamos caminando rápido). Tenemos que reconocer que San Diego no era una ciudad de la que hubiésemos oído mucho, pero nos sorprendió muy positivamente. Lo primero que visitamos fue el puente de Coronado, que tiene casi 3 kilómetros y medio de longitud y que cruza la Bahía de San Diego. Además del puente, se puede ver el skyline de San Diego y parte de la colección de buques de guerra de la marina norteamericana.

Puente de Coronado

Nuestra siguiente parada fue en la zona de las casas de Coronado, donde hay unas mansiones espectaculares al lado de la playa (algunas con historias negras de asesinatos, fantasmas…) La playa era enorme, y hacía un tiempo buenísimo. Fue una lástima que no nos llevásemos el bañador. De hecho, como ya no estamos acostumbrados al sol, acabamos los dos quemadísimos (tuvimos que comprar crema a precio de turista para evitar acabar como cangrejos).

En la playa

De camino al puerto de San Diego, paramos en Chicano Park, un parque (si se le puede llamar así) que está debajo de unos puentes de la carretera, en el que se pueden encontrar todo tipo de murales reivindicativos mexicanos. Merece la pena verlo de pasada, eso sí, con mucho cuidado pues por lo visto puede ser una zona conflictiva.

Chicano park - San Diego

El siguiente punto en el camino era Seaport Village, que es conocido principalmente por dos cosas: los portaaviones militares y la estatua gigante del marinero besando a una enfermera. Hay que reconocer que los barcos son realmente impresionantes, son enormes, mucho más grandes de lo que puedan parecer en las fotos. Si se va con tiempo, se puede visitar uno de los portaaviones por dentro ¡tiene que ser toda una experiencia! Así que nos lo hemos apuntado para nuestro próximo viaje. 

Seaport Village - San Diego

El paseo por el puerto es muy agradable, hay tiendecitas, heladerías, zonas de césped para sentarse y disfrutar del paisaje, niños -y mayores- volando cometas, leones marinos… Y además hay una vista muy chuli de la zona financiera de San Diego (que es por cierto donde estuvimos cenando). Cuando fuimos era la época de graduaciones y vimos a muchísimos ‘teenagers‘ haciéndose fotos con los típicos vestidos de ir ‘al baile’. Era muy curioso pues parecía que estábamos en una peli americana (eso sí, no fue ni la primera ni la última vez que tuvimos esa sensación).

Estatua marinero-enfermera

Otro de los sitios principales que no te puedes perder si vas a San Diego, es Balboa Park. Este curioso parque en el medio de la ciudad se supone que está inspirado en los parques Españoles (bueno, o eso dicen). Sí que es verdad que tienen algunas zonas que -salvando las distancias- recuerdan un poco a los jardines de la Alhambra. Estuvimos paseando un buen rato por ahí mientras anochecía, y hasta hicimos ‘amigos’ (un par de chicos que creemos que habían fumado ‘sustancias misteriosas’ (pero legales en California) y que nos pidieron que les hiciésemos unas fotos con nuestra cámara, y que se las enviásemos… (Cosa que por cierto, aun tenemos que hacer).

Balboa park

El parque tiene un montón de rincones preciosos, además de el más que conocido Zoo de San Diego (el que a más de uno le sonará por la película de Madagascar, pues es el zoo al que querían ir los animales protagonistas). Uno de los rincones que más nos gustó fue el de “los artistas”, que aunque llegamos tarde y estaba cerrado por una fiesta privada, pudimos verlo ‘desde la entrada’. Todas las baldosas del suelo son de colores, y durante las horas del día las casitas de alrededor son pequeñas tiendas de arte. 

Rincón de los artistas

Al día siguiente y tras unas buenas horas de sueño y un par de tostadas con crema de cacahuete y mermelada (donde fueres haz lo que vieres), nos fuimos a conocer el Old Town de San Diego, pero eso os lo contaremos en nuestro próximo post :).

¡Feliz semana a todos!

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