Querido San Diego… ¿Nos adoptas por favor?

Nuestra segunda mañana en San Diego empezó con un paseo por el Old Town. Cuando alguien te dice que vas a visitar el Old Town, piensas automáticamente en el ‘casco antiguo’ de una ciudad Europea, y lo que te viene a la cabeza es la típica plaza con el ayuntamiento, alguna que otra iglesia o catedral y un entramado de callejuelas pintorescas… Pero el Old Town de San Diego es algo distinto.

Old town San Diego

A pesar de que sí que tiene algún que otro edificio histórico (de entre 1820 y 1870) hay muchos que han sido reconstruídos siguiendo la estética de la época. Se pueden ver las influencias mexicanas/españolas por todas partes y como dato curioso, se considera a esta zona de la ciudad como el ‘lugar de nacimiento de California’.

Old Town - San Diego

El Old Town es ahora un State Park (lo que ayuda a que la conservación de los edificios sea excelente) en el que aparte de restaurantes y tiendecitas por todos lados, hay unpequeño mercado de artesanía y souvenirs que resultó de lo más agradable: colores por todas partes, sol y música latina en directo. Nos gustó muchísimo :).

Old Town - San Diego

En los puestecitos callejeros también vendían distintos tipos de comida  y decoración tradicional mexicana. Borja y Jorgese tomaron una especie de granizado de mango y chamoy llamado Chamango. La verdad es que tenía una pinta entre buena y curiosa. Era muy graciosa la pajita con la que te viene el granizado, pues está cubierta prácticamente en su totalidad por una capa bastante espesa de una especia picante (si os fijáis, se puede apreciar en la fotografía).

Jorge y Borja - old town

Tras una parada en El Presidio de San Diego, que es un fuerte construído por las misiones españolas en 1769 y uno de los sitios favoritos de nuestro primo Jorge, nos pusimos de camino a un restaurante al que Borja le había echado el ojo hacía muchísimo tiempo, incluso años: ‘Sombrero’.

Presidio

Y os preguntaréis, ¿qué tiene de especial? Pues bien, nada en absoluto. De hecho la comida dejó mucho que desear (aunque cuando llegamos teníamos tanto hambre que nos dió igual). Sombrero es simplemente un restaurante de comida rápida… Pero la razón por la que Borja quería ir, se remonta a su adolescencia,  y en concreto, a una canción de Blink182 (los que conozcáis a Borja sabréis que es su grupo de música favorito desde siempre) en la que mencionan este sitio. Segúramente el primo Jorge nos recordará durante toda nuestra vida el día que le hicimos comer en “Sombrero”, pues no le gustó nada de nada… Pero sólo por ver esta cara de felicidad mereció la pena:

Sombrero

La siguiente parada express fue en la Universidad de San Diego donde Jorge estudió y trabaja actualmente. Sólo os diremos, que todo lo que se ve en las pelis de las universidades de EEUU con campos de fútbol americano, de beísbol, piscinas con barbacoas, bibliotecas que parecen salidas de Harry Potter, fraternidades… Todo es verdad.  Quién pudiese volver a la universidad… ¡pero allí! Además  hay un rincón ‘secreto’ que no vamos a desvelar donde está (tampoco es súper secreto, pero por si acaso) desde el que hay unas vistas espectaculares de San Diego. Jorge nos dijo que era un buen sitio para ‘impresionar a las chicas’ así que si estáis pensando en viajar a esta ciudad con vuestras chicas… ¡Ya sabéis donde ir! (Bueno, dónde buscar :P)

La Jolla

Uno de nuestros sitios favoritos de San Diego, fue lo que visitamos justo después: La Jolla, que es una zona residencial de la ciudad  para gente ‘pudiente’ a la orilla del mar. Lo mejor de La Jolla es que las playas están llenas de leones marinos, ¡Te puedes acercar muchísimo a ellos! (Sin llegar a tocarlos porque puede ser peligroso, además de que los pobres animalillos se estresan). Vimos familias enteras durmiendo en la playa, otras nadando, jugando y asustando a bañistas. Además, tambien había multitud de pelícanos, perritos de las praderas… Había un montón de animales por todas partes. Fue espectacular.

Leones marinos

El paseo marítimo es muy agradable y las playas son de los más seductoras para darse un baño (aunque una vez más, nos volvimos a olvidar del bañador). Además a lo lejos en el mar, se veían ballenas saltando. Una visita muy recomendada (eso sí, estaba todo lleno de turistas, sobre todo La Jolla Cove que es la playa más conocida y donde más leones marinos había).

Pelicanos en la Jolla

Para rematar el que estaba siendo un día perfecto, fuimos a ver el atardecer a Pacific Beach. La sensación de estar en la playa con sol, rodeados de gente haciendo surf, un muelle ‘típico americano’ a nuestra espalda… Fue ‘American Dream‘ total. Y fue cuando empezamos a darnos cuenta de lo que nos gustaría vivir allí.

Playa de San Diego

Tras ese atardecer espectacular fuimos a cenar a un sitio de tacos que estaban riquísimos (esta vez eligió el primo Jorge, pues después de la experiencia de Sombrero ya no se fiaba de nosotros). Eso sí, antes de cenar nos tomamos el postre en The Baked Bear, un sandwich de helado enorme en el que las tapas eran una cookie de chocolate por un lado y un brownie por el otro. Era un postre de calorías y deliciosidad que seguramente ningún nutricionista aprobaría. Pero mereció la pena sin duda.

Atardecer en San Diego

Al terminar de cenar fuimos al bar de Chloe a jugar una partida de Colonos de Catán (las tradiciones familiares hay que respetarlas). Y luego a casa, pues al día siguiente nos íbamos a Las Vegas y había unas cuantas horas de coche por delante, además a primera hora de la mañana habíamos planeado hacer un hiking para ver el ‘potato chip rock’, una roca con una forma muy curiosa (como habréis adivinado, de patata frita).

Potato Crisp Rock

El camino para llegar allí fue lo más parecido a una penitencia que hemos hecho en nuestra vida: una hora entera de subida a pleno sol y sin una miserable sombra. A pesar  de ir a primera hora de la mañana para evitar las horas de más calor y de elegir el camino rápido, lo pasamos fatal. Eso sí, hasta la última gota de sudor mereció la pena por tres razones:

  1. La roca patata frita (para eso subíamos) y los peñascales  que hay en el camino.
  2. La fauna de la zona: vimos un montón de colibríes (nunca antes había visto uno), lagartos de considerable tamaño y -nuestro menos favorito- una serpiente de cascabel (desde una distancia segura).
  3. Vimos a un grupo de reclusas limpiando el bosque. ¿Habéis visto Orange is the New Black? ¡Pues igual! Una vez más fue como estar en una película.

Potato crisp walk - San Diego

La cuesta de bajada fue mucho más llevadera que la de subida, además llevábamos motivación extra, porque nada más subir al coche empezó nuestro viaje hacia Las Vegas (no sin antes parar en un ‘In N Out’ para coger fuerzas para el viaje, eso sí que es motivación :P).

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