¿Nervios? ¿Por qué?

Hoy hace justo una semana desde “el gran día de Borjami”.

Los días anteriores a la boda, la gente no paraba de preguntarme si estaba nerviosa, a lo que siempre contestaba que no. La mayoría, no satisfechos con mi respuesta, decían “bueno, seguro que un poquito”, pero la verdad, verdad, es que no estaba nada nerviosa. ¿No os dais cuenta de que me iba a casar con Borja? Eso no me ponía nerviosa, me ponía muy contenta.

Boda Borjami

Los que conozcáis a Borja sabréis que es una persona excepcional. No es que lo diga ahora (que tengo razones obvias para decirlo), también lo decía cuando éramos sólo amigos. Si necesitas algo, sabes que se lo puedes pedir y que te va ayudar. Sea lo que sea. Ya sea grabar un corto para la universidad (lo digo por experiencia), hacer una mudanza o simplemente hablar sobre algo que te preocupa, Borja siempre está ahí, y siempre sin esperar nada a cambio.

Winnie the Pooh

Los que le conozcáis, también sabréis que tiene una paciencia infinita. Le he visto caminar de rodillas mientras una niña lo llevaba atado a una correa diciendo que era su gato sin perder la sonrisa. Le he visto aguantar lo inaguantable en varias situaciones sin perder la compostura mientras yo perdía los nervios. Y le he visto todo los días en casa aguantando mis manías y mis reglas sobre cómo ordenar la casa sin rechistar ni una sola vez y sin odiarme por ello (aunque la mayoría de las veces no haga caso :P).

Borja y Tami Mojacar

Los que conozcáis a Borja, también sabréis que es un niño grande. Pero los que me conozcáis a mi, también sabréis que yo también (será por eso que nos llevamos tan bien). Nuestra casa está llena de legos, peluches y juegos de lo más variado (hasta tenemos un circuito de canicas).

Borja es la persona que más me hace reír del mundo (ya sea con sus cosquillas asesinas, con sus frases y sus acciones irracionales mientras está dormido o con sus bailes en la cocina mientras hacemos la cena) y también la que más me hace enfadar cuando se olvida de poner la lavadora, me pega mocos o llega a casa con un montón de helado cuando va al supermercado a “comprar verduras”.

Tontunas

Con Borja he vivido un montón de aventuras que me han hecho reír, llorar… y que ahora son recuerdos de los que te hacen sonreír con cara de tonto cuando piensas en ellos. Algunos de mis recuerdos favoritos son (aunque hay muchísimos más):

  • El día del flotador que explotó: estando de vacaciones en Portugal con mi madre, encontramos en la casa donde nos quedábamos un flotador con forma de ciervo que debía ser de los niños de la casa. Decidimos hincharlo y llevarlo a la playa. Mi madre, enfadada diciendo que lo íbamos a explotar, nos dijo que lo dejásemos en casa, pero nosotros, alegando que éramos suficiente mayores como para cuidar de un flotador nos lo llevamos a la playa. Había muchas olas y no nos pudimos bañar, así que después de construir un fuerte de arena alrededor del flotador, volvimos a casa. El reno sano y salvo incluido. Decidimos darnos un baño en la piscina antes de subir a casa, mi madre se ofreció a llevarse el reno (pues ella no quería ir a la piscina) pero decidimos quedárnoslo. Nada más meter el reno en el agua, Borja saltó encina de el, haciendo que explotase. Ni siquiera se pinchó. Explotó. Muertos de risa, decidimos doblarlo, y subirlo a casa. Cuando mi madre nos vio aparecer con el reno perfectamente doblado, nos dijo que qué habíamos hecho, y le dijimos que tenía razón, que mejor no tentar a la suerte con el flotador y que lo íbamos a guardar en su sitio (no fue hasta unos años después que le contamos la verdad sobre el reno). Incluso a día de hoy no puedo evitar reírme cuando pienso en esa historia.

El flotador que explotó

  • La historia de Morgan Birdie: nos gusta mucho ir de camping, y fue de camping en Somo (Cantabria) donde encontramos a nuestra primera mascota: el pequeño Morgan Birdie. Una golondrina pequeñita (o al menos eso creemos) que se había caído del nido y a la que adoptamos de forma inmediata (sobre todo porque estaba rodeada de gatos). Morgan enseguida se adaptó a nosotros. Caminaba subido en nuestros dedos por la calle (vigilando el camino) y nos seguía a saltitos en la playa. En internet vimos que había que alimentarlo de insectos, así que cazamos unos cuantos e hicimos un puré asqueroso para dárselo de comer. Le hicimos un pequeño refugio con una caja de cartón para llevar en el coche, porque íbamos a ir al parque de Cabárceno y ahí había un centro de recuperación de aves… Pero por desgracia Morgan se murió la noche de antes de ir :(. Lloramos los dos, nos dio muchísima pena, pero siempre que vemos un pájaro pequeñito nos acordamos de Morgan y de los días que pasamos con él. Fue corto pero intenso.

Morgan Birdie

  • El señor alemán del avión: sin duda una de las historias más embarazosas que hemos vivido. Volviendo de Berlín en avión, se sentó al lado de Borja y un señor muy corpulento. No hablamos con el, hasta que llegó la azafata para preguntar si nos podía explicar las instrucciones de la salida de emergencia en alemán (todavía era cuando en Ryanair si te ponías al principio de la fila, podías sentarte en salida de emergencia). El hombre dijo que sí, lo cual nos pareció de mala educación porque sólo él hablaba alemán, y lo comentamos en alto. Durante el vuelo, Borja se iba quejando de que el señor le estaba “quitando espacio” y que iba a hacer una lucha de rodillas con el (y empezó a expandirse). Cuando pasó el carrito de la comida, el señor alemán se compró una bolsa de M&Ms, pero para ello sacó un fajo de billetes enorme. Por supuesto hicimos un montón de bromas con todo lo que podríamos hacer si le robábamos el dinero. Cuando nos empezamos a aburrir, empezamos a jugar a las cartas, y el hombre nos miraba mucho. Yo le dije a Borja que nos estaba mirando, y que sería de buena educación decirle si quería jugar, pero Borja estaba empeñado en que no. Total, que al final, después de cada uno exponer sus razones, le preguntamos en inglés que sí quería jugar con nosotros. Imaginad nuestra cara cuando nos contestó en un perfecto español que si, porque su mujer era española y que sabía jugar a ese juego. No se cómo no nos tiró a las cartas a la cara después de todo lo que habíamos dicho de él… Lección aprendida.

Berlin

  • El baile del robot en el Gran Cañón: como todos habéis escuchado esa historia, no la voy a contar otra vez (podéis leerla aquí). Pero en general nuestros bailes absurdos por el mundo son recuerdos inolvidables.
  • Edimburgo: sin duda la mayor aventura que hemos vivido juntos. Pero si tengo que elegir algo, me quedo con el día que Borja llegó a recogerme al restaurante Italiano donde yo trabajaba para decirme que había conseguido trabajo, y con las primeras semanas que pasamos allí. Esas semanas cuando vivíamos en una habitación de hotel diminuta, cuando no teníamos dinero y comíamos de tuppers de arroz indio que nos preparaba el compañero de piso de nuestra amiga Ceren de Turquía. Recordar esos momentos ahora, nuestra inocencia, el miedo del momento, la incertidumbre, los nervios… Me hace apreciar mucho más lo bien y felices que estamos ahora. No fue fácil, fue bastante duro a decir verdad, pero Borja lo hacía más llevadero, y nunca perdió la actitud positiva incluso cuando las cosas se nos complicaban. Fue gracias a él que cuando yo me derrumbaba (porque no encontrábamos pisos, o porque echaba de menos a la familia) el siempre decía: “Tami, todo va a ir bien”. Y así de fácil, me hacía sentir mejor. Y lo sigo haciendo a día de hoy.

Borjami en la nieve

Podría seguir enumerando recuerdos sin parar: el día del concierto y el cubo de la basura, el día de “Tripatocha” y las diapositivas de “La Señora”, los días de Mojácar con los papichis, nuestros experimentos de tartas y cupcakes, esquiar en Sierra Nevada (y nuestros viajes en general), nuestra locura con el Fitbit, las misteriosas historias de nuestros conejitos, cuando Borja presentó el proyecto de final de carrera, el chico del Standing Order en Edimburgo, el día de los chupitos de cáctus, la foto fantasma… Hay miles de historias.

Pelea de algas

Espero que todo esto os haya hecho entender por qué de verdad no estaba nerviosa los días de antes de la boda. Y por qué también, cambié de opinión respecto al “yo no me quiero casar”. Y por qué el día de la boda nadie me podía quitar la sonrisa de la cara. Por que Borja es (y espero que sea siempre) mi media naranja, mi medio limón y mi media macedonia.

¡Qué viva el novio! 🙂

borjipi

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. volomir dice:

    Es que Borja es muy grande!! (y Borjami aún más!)

    Enhorabuena primos!!!!!! Sois muy guays

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