Atascos, mejillones, ladrones y… El Ecce Homo

Este fue el primer verano desde hacía tiempo, en el que podemos decir que realmente disfrutamos del buen tiempo y de la buena que compañía que no siempre está cerca…

Tras pasar unos días en Madrid después de la boda, nos fuimos a Mojácar a disfrutar de la familia, del mar, de los pescaditos a la brasa… Y de vivir todo el día en bañador y chanclas, durmiendo siestas después de comer y paseando a los perros por la noche. Fueron unos días perfectos. Pero como ya sabéis que nos gusta mucho “trastear” de un lado para otro, tras cargar las pilas unos días nos dispusimos a empezar nuestra siguiente aventura veraniega: un road trip por el sur-oeste de Francia con nuestros amigos Pablo y Juan Carlos.

Los 4

Antes de entrar en el país vecino, hicimos una serie de “paradas técnicas” en Valencia (para tomarnos una buena horchata mientras visitábamos el Oceanografic), en Teruel (para tomar unas tapas de merienda con los primos), en Zaragoza (para ver a la familia y dormir) y en Jaca (para desayunar en La Pardina con los tíos).

Tras equivocarnos y coger el camino más largo y con más peajes del mundo, por fin llegamos a Burdeos, nuestra primera parada del camino y dónde nuestra tía Mari (que vive allí y nos acogió durante unos días) nos esperaba con una ensalada deliciosa en la mesa. Con la tripa llena y después de un baño en la piscina (sin esperar para hacer la digestión :P) nos pusimos en camino para recorrer la ciudad de Burdeos.

Burdeos

Nuestro road trip tenía el tiempo milimetrado, por lo que desgraciadamente no pudimos pasar mucho tiempo cada destino, pero aún así lo aprovechamos al máximo. Nuestra amiga Camille (originaria de la ciudad) nos preparó un mapa para recorrer los puntos más destacados de la ciudad en una sola tarde: La catedral, la Grande Cloche , el Teatro Real…  Fue una visita bastante rápida pero muy intensa.

Burdeos

Una de las cosas que más nos gustó fue la Plaza de la Bolsa. Donde además de haber una vista espectacular del edificio, hay una fuente al ras del suelo donde se refleja todo el paisaje. Tras hacer el tonto un buen rato en la fuente (tiempo durante el que se nos hizo de noche) nos pusimos a callejear para buscar un restaurante en el que disfrutar de la comida francesa, que por cierto no decepcionó (ni el vino tampoco). Fue un gran comienzo para un gran viaje, en el que por cierto, cogimos una gran cantidad de kilos.

La plaza de la Bolsa - Burdeos

Al día siguiente empezaba “la aventura”. Nuestro primer punto de visita era Saint Emilión, un bonito pueblo de la campiña francesa famoso por sus vinos y sus bodegas. Es sin duda uno de los pueblos más bonitos en los que hemos estado jamás… Nos olvidamos de la cámara de fotos en casa, por lo que las fotos no hacen justicia, pero es un punto de visita muy recomendable si se visita la zona.

st-emilion

Tras hacer una parada para recuperar la cámara, nos pusimos en marcha hacia uno de nuestros sitios favoritos de esa parte del país vecino: La Duna de Pilat.  Esta es la duna natural más alta de toda Europa. Las vistas desde arriba son impresionantes puesto que a un lado se ven Las Landas, y por el otro el mar (hay una playita donde te puedes bañar).  Tras un atasco eterno, y tras probar tres atajos fallidos, llegamos al parking que justo tras pasar nosotros cerraron porque estaba lleno. Tuvimos una suerte increíble :).

Duna de Pilat

Después de un buen rato subiendo, y un poco menos bajando, llegamos a la playa donde nos tiramos a la bartola. Por supuesto eso no ayudó a que la vuelta fuera más fácil… Subir la duna es cansadísimo (de hecho decidimos ir descansando cada 50 pasos) y además acabamos llenos de arena hasta en las orejas (aunque el hecho de rebozarnos voluntariamente por la arena tampoco ayudó). Una vez que estás arriba, bajar es mucho más fácil y de hecho los chicos se animaron a bajar corriendo 🙂 ¡Fue muy divertido!

Duna de Pilat

Al día siguiente nos fuimos a la Isla de Re (tras pasar un buen rato en otro atasco kilométrico). La Isla de Re (que seguro que a muchos os suena porque fue donde se quedó la selección española durante la última Eurocopa), es una pequeña isla de apenas 30 kilómetros de largo, situada en la costa francesa muy cerca de La Rochelle.

Isla de Re

La isla es un destino de veraneo muy popular entre los franceses, por lo que suele ser complicado encontrar hoteles… Sin embargo decidimos ir sin reservar nada previamente, ya que nuestra idea era dormir en un camping, y los campings no hacían reservas (pero en varios nos dijeron que no habría problemas si llegábamos por la mañana pronto). Bueno, pues muy pronto no llegamos (todo hay que decirlo) y mucha suerte tampoco tuvimos, porque tras recorrer varios campings, en ninguno tenían espacio, y de hecho nos informaron de que no había en ningún camping en toda la isla, por lo que decidimos hacer acampada libre cerca de un camping, para poder usar sus instalaciones comunes (en especial un castillo de “columpios” enorme en que estuvimos jugando al escondite)… (Juanca perdió).

Saint Martin de Re

Tras unos paseos y unos baños en una de las excelentes playas de la isla, nos duchamos ilegalmente en el camping del castillo, y nos fuimos a cenar al pueblo de Saint Martin, el más grande de la isla. Es un pueblo muy bonito que merece la pena visitar si se está en la isla. Nuestra idea inicial, era no volver muy tarde a los alrededores del camping del castillo para no tener que buscar un punto de acampada en mitad de la noche, pero como no podría ser de otra forma, se nos hizo tarde y tuvimos que acampar en mitad de un bosquecito alumbrando con la luz de los móviles (aunque no estábamos muy lejos del camping).

Saint Martin de Re

La noche era muy ventosa, por lo que no dejaban de caer ramitas encima de la tienda, además de que los árboles de nuestro alrededor crujían bastante. Los chicos, se durmieron bastante rápido, pero yo -que soy una miedica- no dejaba de pensar en la posibilidad de que durante una ráfaga de viento se nos cayese un árbol encima, por lo que acabé caminando en mitad de la noche hacia el coche donde me encerré y me quedé dormida.  A las pocas horas me desperté porque algo se había chocado con el coche (una bici presumiblemente)… Como me asusté un poco, no me incorporé hasta darme cuenta que los golpes persistían y que el coche se movía un poco… Para descubrir que había una persona intentando abrir nuestro maletero. Al incorporarme la persona que estaba forcejeando debió ver mi silueta y salió corriendo (pero el susto estaba ahí)… Intenté avisar a los chicos sin salir del coche (estaba un poco asustada y me daba miedo salir). Pero los móviles estaban sin batería (de tanto jugar al Pokemon), en modo avión (el que usamos como despertador) o en el coche conmigo… Total que al final no pude hacer nada y tras un par de horas me volví a dormir, aunque a cada ruido me despertaba sobresaltada. Una noche horrible.

Saint Martin de Re

A la mañana siguiente, después de aguantar las bromas de los chicos sobre el percance de la noche anterior, y tras comprobar si el coche estaba dañado, nos fuimos a dar un último paseíto por la playa del Phare des Baleines antes de ir a la Rochelle, donde nos quedamos dormidos en la arena.

La Rochelle

La Rochelle es una ciudad que nació en el S.X como un pueblo de pescadores, pero que debido a su situación estratégica fue creciendo poco a poco.  La ciudad es característica por sus edificios de piedra blanca y por su muralla medieval. Un dato curioso es que fue la primera ciudad francesa en ser peatonalizada durante los años 70. La zona de interés turístico se ve bastante rápido, pero es muy agradable para caminar y tiene un gran número de restaurantes.

Churros

Tras comer unos merecidos mejillones con pommes frites y unos churros (antojos de españoles que viven fuera), nos fuimos a la Isla de Olerón, donde tras soportar otro atasco kilométrico, pudimos ver (desde lejos) el mítico Fort Boyard. Seguro que a muchos os suena de un programa de televisión que había cuando éramos peques, en el que los concursantes tenían que hacer pruebas de todo tipo para ganar.

Fort Boyard

Lo que más nos gustó de la Isla de Olerón fue la cena sin duda: nos recomendaron una zona nada turística saliendo de la isla donde cena la gente local y donde lo típico era comer mejillones hechos a la brasa con pinaza, además de por supuesto, las famosas ostras de Olerón.

Al día siguiente nuestro viaje llegaba a su fin, pero no sin antes disfrutar de un día de playa en la zona de Soulac-Sur-Mer, donde unos hicimos una fortaleza de arena enorme (tenía hasta bosque, volcán, campos de cultivo…) mientras otros cogían olas con las tablas de body board. Sin duda un viaje que ya sea por la cantidad de comida deliciosa que comimos, los atascos infinitos, los juegos de preguntas de historia en el coche, los juegos en el castillo de los niños, el incidente del coche y la excelente compañía, nunca olvidaremos :).

Amigos por el mundo

El broche del viaje fue una visita exprés al pueblo de “Borja”, donde como muchos sabréis, se encuentra la pintura del Ecce Homo. La visita cumplió sus expectativas e incluso vimos a la mujer que hizo famosa a la pintura. Es increíble la cantidad de visitas que reciben a lo largo del año, y la cantidad de productos de merchandising que han creado a raíz de la pintura: ositos de peluche, camisetas, pulseras, botellas de vino…

ecce-homo

Borja por fin cumplió dos de sueños:
1. Ver el Ecce Homo
2. Hacerse una foto con la señal del pueblo

Borja en Borja

Y así fue como sin darnos cuenta, las vacaciones de verano llegaron a su fin… Aunque al menos este año nos volvíamos a Edimburgo con la maleta llena de sol y hasta los topes de vitamina D :).

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