La Habana: sol, música y mojitos

En nuestro viaje a Cuba, hicimos algo que nunca antes habíamos hecho: decidimos ir a la aventura. Solo reservamos un par de noches en La Habana  para los dos primeros días y decidimos dejar el resto al azar… Algo muy poco común en nuestros viajes. En esta ocasión, sabíamos que queríamos ir a La Habana, que queríamos evitar Varadero y que lo más lejos que estábamos dispuestos a llegar (más que nada por tiempo) era a  Trinidad. El resto, se iría decidiendo sobre la marcha.  🙂

Cuba - Habana

Nuestro viaje a Cuba empezó (como no podía ser de otra manera) en el aeropuerto, corriendo de un lado para otro y con uno de nuestros “dramas” de viaje. Borja había investigado un poco y descubrió que no necesitábamos visa para Canadá (donde hacíamos escala) pero sí para Cuba. La visa de Cuba la pedimos con tiempo y nos costó como 60 euros más o menos. Bueno, pues cuando estábamos esperando para embarcar en el avión en Londres, nos llamaron a los dos por megafonía. Nosotros, cegados por la ignorancia, nos pusimos súper contentos porque pensábamos que nos iban a hacer un “updgrade” a business o algo sí… Sin embargo lo que nos dijeron era que habían visto que no teníamos visa para entrar en Canadá y que sin la visa no podíamos volar. Nuestras caras debieron ser dignas de ser fotografiadas. Por suerte una de las azafatas nos ayudó a pedir una visa rápidamente y en menos de 10 minutos ya estábamos dentro del avión de Air Canada eligiendo las películas que veríamos durante el vuelo. Tras 8 horas de vuelo y una noche interminable durmiendo en el aeropuerto de Toronto, por fin nos subimos en el avión que nos llevaría a Cuba.

Cuba - Habana

Nada más aterrizar, nos llevamos la primera sorpresa. Habíamos leído en varios blogs que las cosas en el aeropuerto de José Martí suelen ir lentas y que había que ir con mucha paciencia. Bueno, entre que bajamos del avión, pasamos la aduana y recogimos la maleta, no pasaron más de 10 minutos. De hecho al salir de la zona de equipajes nos quedamos con un poco de sensación de “Ah… pero que ya está?” Fue todo muy eficiente y desde luego mucho más rápido que en muchos aeropuertos europeos (incluyendo el del Madrid).

Cuba - Habana

En la terminal teníamos nuestra primera misión, que era cambiar dinero y -a ser posible- encontrar alguien con quien compartir el taxi al centro de La Habana (habíamos leído que era la forma más económica de llegar a tu destino). Mientras Borja cambiaba de dinero, yo era “acosada” por varios taxistas que intentaban ofrecer precios competitivos para ir a la ciudad. Entre tanto se me acercó un chico asiático para preguntarme dónde se cambiaba el dinero.  Tuvimos una conversación bastante rápida y sosa, aunque la verdad es que me dejó un poco a cuadros… El chico asiático me preguntó que de dónde era, a lo que contesté “de España”. Como me parecía de buena educación, yo también le pregunté que de donde era él, a lo que me contestó “tengo novia, está cogiendo la maleta”. Y sin cruzar más palabras se fue. Raro-rarísimo.

Cuba - Habana

Tras mi “desamor” con el chico asiático, entablé conversación con una encantadora pareja francesa: Mel y Yas, que se encontraban cambiando dinero también. Decidimos compartir un taxi a La Habana los cuatro. Nos costó 15 CUC por pareja. Aunque lo que no sabíamos, es que compartir ese taxi iba a ser solo el principio. Íbamos a compartir mucho más con ellos. Pero todo a su tiempo. 🙂

Nuestro primer taxi

Nuestro primer contacto con los típicos coches clásicos de Cuba fue nada más salir del aeropuerto. Nuestro conductor, tenía un bonito Chevrolet naranja. Nada más subirnos descubrimos dos cosas de los coches en Cuba: la primera que el aire acondicionado es básicamente llevar las ventanillas bajadas. La segunda que los cinturones de seguridad no existen. Por suerte no suele haber mucho tráfico y todos los conductores que conocimos parecían bastante sensatos y conducían tranquilos.

Cuba - Habana

El camino entre el aeropuerto y la casa dónde nos quedábamos (en la calle Estrella) se nos pasó rapidísimo, disfrutando de las primeras pinceladas del país. Nada más llegar, subimos a la que iba  a ser nuestra casa durante los dos días siguientes. Decidimos alojarnos en una casa particular, con un simpático cubano: Jorge, y con su familia. Eran todos encantadores y nos cuidaron estupendamente los días que estuvimos allí con ellos. Nuestra habitación era enorme con techos altísimos, grandes ventanales con rejas y pintada de colores muy vivos. Un lugar perfecto para pasar unos días, empaparse de la verdadera vida cubana, y disfrutar de los desayunos que Jorge nos preparaba todas las mañanas en su terraza. Un alojamiento muy recomendable :).

Desayuno con Jorge

La Habana – día 1

Tras dejar las maletas, ponernos ropa de verano y coger la cámara de fotos, nos fuimos a dar nuestro primer paseo por la capital de Cuba: La Habana. Lo primero que nos llamó la atención de esta ciudad es que escuchas música a todas horas, en todas partes, en todas las calles, ya sea porque hay gente escuchando música en la calle, por gente que canta o por los numerosos grupos de música en vivo que hay por la ciudad. Por eso, os recomiendo que para seguir leyendo, os pongáis esta canción de fondo (que fue desde luego la canción que más escuchamos en todo el viaje).

La casa de Jorge y su familia, estaba muy cerca del Capitolio, por lo que pudimos recorrernos toda la zona del centro de la ciudad sin necesidad de coger taxis o transporte público. Lo primero que hicimos fue buscar un lugar donde comer cerquita de la casa que Jorge nos había recomendado (no habíamos comido nada desde los deliciosos manjares en cajas de cartón que nos dieron en los aviones del día anterior). Ahí fue cuando nos dimos cuenta de una cosa: íbamos a engordar malamente durante el viaje. La comida del restaurante el Levant en Parque el Curita estaba deliciosa y a un precio muy razonable. Comimos cerdo caribeño, crema valentín, postre y bebidas por apenas 12CUC.

Cuba - Habana

Tras reponer fuerzas y beber un zumo de guanábana (aprendimos muchos nombres de frutas nuevas y probamos otras tantas) nos pusimos en marcha a conocer la ciudad. Nos dimos un paseo disfrutando del Parque de la Fraternidad, el Capitolio (la cúpula estaba en obras), el Parque Central (en cuyo centro hay una estatua de José Martí rodeada por 28 palmeras que simbolizan la fecha de su nacimiento), la casa Bacardí…

Capitolio de La Habana

La zona que rodea el Capitolio es muy bonita y colorida, pues hay muchísimos coches clásicos aparcados esperando a los turistas para llevarlos de paseo. Es increíble lo bien cuidados que tienen los coches y lo creativos que son para apañar los posibles desperfectos que puedan tener. Lo más curioso que vimos fue un coche que presumía de tener aire acondicionado. Cuando nos aceramos a mirar, era literalmente un aparato de aire acondicionado instalado dentro del coche bajo el salpicadero. Muy ingenioso.

Cuba - Habana

Tras hacer miles de fotos a los coches y hablar con algunos de los conductores, nos pusimos en marcha para visitar la zona de Habana Vieja, empezando por la famosa calle Obispo. En cuanto empezamos a caminar por las calles de La Habana, el cansancio y el jet lag pasaron a un segundo plano, dejando paso a la excitación y la fascinación. Los edificios multicolor, los olores, el sol en la piel, la música que salía de todos los locales, los coches clásicos, el tono alegre de la voz de los cubanos… Era una atmósfera que te rodeaba haciéndote sentir arropado por la ciudad y por sus habitantes.

Cuba - Habana

Por supuesto, como llevábamos la palabra “turista” escrita en la cara, se nos acercaron unos “jineteros” (que son personas que intentan llevarte a sitios para turistas y te cobran un ojo de la cara) pero por suerte nos dimos cuenta a tiempo (aunque estuvimos hablando con ellos un bueno rato porque la verdad es que eran majísimos). Esto es otra cosa que nos llamó la atención de la ciudad: es muy segura. El único “peligro” que encontramos, es que hay muchos jineteros y si te pillan desprevenido puedes acabar pagando una bebida a precio de oro… Pero para eso hay que saber decir que no. También hay mucha gente que se te acerca para pedirte cosas (ropa, dinero, comida…) lo cual es un poco triste, porque muchas veces te sientes bastante mal al no poder ayudar a todo el mundo.

Habana, Cuba

Las calles de La Habana vieja son muy bonitas. Los edificios coloniales son espectaculares, aunque es una pena ver como algunos se caen a trozos ya que no están bien mantenidos… Tuvo que ser sin duda una de las ciudades más espectaculares durante la época colonial durante su máximo esplendor. Algo muy curioso era que la mayoría de las casas tenían las puertas y las ventanas abiertas, a la vista de todo el mundo. También llamaba la atención que muchos de los habitantes de la ciudad se sientan en los portales o en la calle para charlar con sus vecinos o amigos que pasan por la zona, por lo que hay gente charlando por la calle a todas horas del día. Sin duda la cultura cubana es de las más sociales y alegres que hemos conocido.

Cuba - Habana

Tras callejear un buen rato, por fin nos adentramos en la concurrida calle Obispo, donde encontramos varios grupos que tocaban música en directo. Lo que más nos gustó (además de la calidad de los músicos) era que por lo general había muchísima gente bailando alrededor, ¡y no solo turistas! Los que me conozcáis sabréis que no bailo nada bien, pero también sabréis que me encanta y que soy incapaz de quedarme quieta cuando me ponen música… Así que así entablé conversación con un montón de cubanos que bailaban al son de la música latina.

Cuba - Habana

Y por supuesto bailé con todas las personas que pude. Mi baile favorito fue con un señor que bailaba solo en una plaza pero que se veía que lo estaba disfrutando como nadie (era la mejor representación de la frase “baila como si no mirase nadie”). Aunque me dejó por los suelos, allí tienen el ritmo metido en las venas.

En la esquina de la Plaza de Armas, disfrutamos viendo a una madre con su hija de unos 7 años, que bailaban juntas como si no hubiese mañana… Tras terminar su baile decidieron que nos iban a firmar un “autógrafo” porque les dijimos que bailaban muy bien:  la pequeña firmó a Borja en el brazo. 🙂

Palacio de los Capitanes Generales

La Plaza de Armas es un lugar muy bonito de la ciudad con mucho ambiente alrededor. Además de la plaza en sí, en la misma zona se pueden visitar el Palacio de los Capitanes Generales (no os perdáis el patio interior),  el Castillo de la Real Fuerza y el Templete. Algo que recuerdo con especial cariño de esa plaza, son los perros. Cuba está plagado de perros y gatos callejeros (algunos en unas condiciones un poco lamentables) y si algo aprendimos, es que por lo general, la población no les tiene demasiado aprecio. Sin embargo, en esta plaza, había un grupo de perritos que campaba a sus anchas con unos pequeños carteles (a modo de carné de identidad) colgados en sus collares donde se podía leer su nombre, y luego la frase ” Soy mascota del museo de orfebrería. Estoy esterilizado. No me maltrates”. 

Cuba - Habana

Daba un poco de pena pensar que los perros tuvieran que llevar un cartel para que la gente no los maltratase… Pero desde luego nos pareció una buena idea.

Continuamos nuestro paseo por la Habana Vieja hasta llegar a la Plaza de la Catedral. La Catedral de La Habana destaca por ser asimétrica y por haber sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982. A apenas un minuto andando desde la puerta principal de la catedral, se encuentra la “Bodeguita del Medio”, uno de los bares más famosos (y más caros) de La Habana. Merece la pena pasarse para ver la música en directo y disfrutar el ambiente, aunque no os recomendamos tomar un mojito allí. Es sin duda el mojito más caro de todos y no fue el mejor.

Catedral de La Habana

La plaza de la catedral es muy bonita aunque tenemos que reconocer que nos gustó un poquito más La Plaza Vieja de La Habana, rodeada por unos edificios preciosos. Además de la zona norte de la plaza sale la calle “Mercaderes”, donde encontramos mojitos y comida a un precio que, aunque estaba pensado para turistas, era bastante razonable. En uno de los arcos de la Plaza Vieja vimos a un hombre que disfrutaba del sol acompañado de su pato. Era muy entrañable :).

Plaza Vieja - La Habana

Tras tomar un mojito y un Cuba libre, nos fuimos a dar un paseo por el Malecón, donde teníamos pensado ver el atardecer. Andamos un buen rato por allí, aunque poco a poco el cansancio se fue apoderando de nosotros y no fuimos capaces de aguantar hasta el final de la tarde. Eso sí, disfrutamos de la brisa del mar, de ver a los pescadores y de algún que otro salpicón de agua que saltaba por encima de los muros de hormigón llegando hasta el paseo.

El Malecón - la Habana

Internet en Cuba

El segundo día por la mañana, decidimos investigar como funcionaba el tema de internet y comprar una tarjeta de internet para poder comunicarnos con los chicos que habíamos conocido el día anterior en el aeropuerto.

Ahí fue cuando nos dimos cuenta de lo complicado que es conectarse a internet en ese país y de la suerte que tenemos de tener Wi-Fi en nuestras casas. En serio, nunca más nos volveremos a quejar de que internet va lento o que no funciona. En Cuba para poder conectarte a internet tienes que comprar una tarjeta de 1 ó 5 horas (cuesta 1 CUC por hora), para lo cual tienes que dar todos tus datos personales (incluido pasaporte) para tener identificado quién ha comprado qué y qué estás viendo en internet. Una vez tienes la tarjeta (que es del estilo a las que usábamos los de la generación de los 80 cuando éramos pequeños para recargar el saldo del móvil), tienes que encontrar un punto de internet donde poder conectarte.

Cuba - Habana

Los puntos de internet están literalmente en mitad de la calle. Suelen estar en plazas o parques donde la gente se sienta donde puede. Pero sí, están en mitad de la calle. Los puedes reconocer fácilmente porque siempre están llenos de gente con móviles, tablets y hasta ordenadores navegando en la red. La conexión no siempre es buena y cuando hay mucha gente conectada a la vez, la red se satura y es imposible conseguir wi-fi. Por supuesto, comunicarte de forma fluida es imposible, pues para que alguien te conteste de forma inmediata a un Whats app o a un correo electrónico, tienen que estar conectado en un punto de internet en ese mismo momento. Toda una aventura.

Cuba - Habana

La Habana día 2

Al día siguiente nos levantamos temprano con la intención de andar hasta la Plaza de la Revolución. Así que tras coger energía con el súper-desayuno, cubrir todo nuestro cuerpo con crema solar protección 50 y pagar una botella de agua a un precio que ni en Londres al lado del Big Ben, nos pusimos en marcha.

Cuba - Habana

Caminamos durante cerca de 40 minutos entre calles, plazas y jardines, hasta que por fin llegamos a la plaza más icónica de La Habana.

La plaza cuenta con más de 72.000 metros cuadrados entre los que se pueden ver el Monumento a José Martí, el Ministerio del Interior con la imagen del Che Guevara y el Monumento a Camilo Cienfuegos. Esta plaza es un punto de encuentro para los cubanos sobre todo durante fechas señaladas como el primero de mayo (que por cierto era dos días después, por lo que estaban preparando todo para el desfile).

Plaza de la Revolución - Habana

Tras tomar unas fotos y ver el Memorial de José Martí de cerca, nos fuimos dando un paseo hacia la Necrópolis de La Habana, que tiene fama de ser muy bonita… Sin embargo no os podemos decir si realmente es bonita o no, porque por más vueltas que dimos alrededor del muro, no encontramos la entrada… Lo bueno es que vimos muchas callejuelas que claramente no eran turísticas donde se respiraba un ambiente local muy curioso. Nos llamó la atención que de una casa salió una niña y se nos acercó corriendo y nos dijo: “¿Chuches, chicles, caramelos?” Como llevábamos unos regalices de Borja, le dimos unos pocos y se fue de vuelta a casa dando saltitos. Muy graciosa :).

La Habana

Tras nuestro intento fallido de encontrar la necrópolis, fuimos a dar un paseo por la zona de Vedado, que es la zona “con más medios” de la ciudad. Las casas en esa zona eran preciosas y se veía que estaban mejor mantenidas que en la zona vieja. Muchas de ellas estaban rodeadas de bonitos jardines y entre los numerosos edificios que vimos pudimos encontrar varias embajadas, universidades y museos.

Vedado - Habana

Decidimos ir a tomar un helado a la heladería más famosa de la ciudad, Coppelia. Pero cuando llegamos, nos encontramos con una fila de más de 100 personas (no es broma) esperando. La heladería tiene una tienda para “turistas” con precios de turista y los sabores de helados típicos (fresa, vainilla, chocolate…) pero si quieres probar uno de los buenos y baratos, tienes que esperar la fila larga y pagar en moneda local. Como hacía mucho calor y aun nos quedaban muchas cosas por hacer, decidimos pasar del helado y seguimos caminando hasta llegar al Malecón, donde fuimos caminando hasta la zona del famoso Hotel Nacional. Tras visitar el Monumento de las Víctimas del Acorazado Maine, fuimos callejeando para visitar el Callejón de Hamel.

Callejón Hamel

Este callejón es una muestra de cultura afrocubana que cuenta con numerosas obras de arte bastante curiosas rozando lo muy (muy) raro. Los domingos hay música en directo (justo cuando fuimos nosotros). Lo malo es que estaba hasta arriba de gente y entre que hacía mucho calor y que habíamos leído que había que tener cuidado ya que había bastantes robos durante los espectáculos de música, decidimos seguir nuestro camino para visitar el museo de la Revolución.

Habana, Cuba

De camino al callejón, había una opción que era atajar por un hospital. No entrabas dentro del edificio, sino que pasabas por las calles que rodeaban las distintas secciones del hospital, pero que estaban valladas y vigiladas por un guarda. Decidimos “jugarnosla” y atravesar por el hospital optando por la estrategia “vamos a entrar sin decir nada como si supiésemos 100% donde vamos”, pero nuestra pinta de turistas nos delató y el guardia nos paró nada más entrar y nos mandó para fuera… Sin embargo nos pusimos a hablar con él, y le debimos caer bien porque nos acabó dejando pasar porque éramos de “la Madre Patria”. Lo más gracioso fue que cuándo ya nos íbamos hacia el otro extremo del hopital, el guarda nos preguntó si teníamos “un souvenir” que le pudiésemos dar. Le dimos unos regalices que teníamos… Y lo mejor fue que un hombre que pasaba por ahí se nos acercó y nos dijo “Ah, ¿Es que están regalando dulces?”, nos pareció tan gracioso que le dimos otros cuantos regalices a ese hombre también.

Cuba - Habana

Al llegar a la otra puerta del hospital, nos cayó un buen rapapolvo por parte de la mujer que vigilaba la puerta de ese lado por haber atravesado por ahí… Pero bueno, nos ahorramos un trocito andando y teníamos la bendición del guarda del otro lado :).

Hospital Cuba

Cuando llegamos al Museo de la Revolución, estaba cerrado… Por lo que decidimos dar una vuelta por el Paseo del Prado que aún no lo habíamos visto. El Paseo del Prado es un bulevar muy agradable dónde artistas venden sus obras de arte y dónde niños juegan al fútbol y montan en monopatín. Tras recorrerlo de principio a fin, Borja quería tomar un mojito más. Quiso volver a la Bodeguita del Medio porque le había gustado mucho el ambiente que había, así que ahí volvimos. Estuvimos un buen rato sentados en la calle disfrutando de la música en directo y del mojito.

Cuba - Habana

Tras terminar el mojito y escuchar unas cuantas canciones, nos pusimos en marcha para volver a casa, mientras la noche empezaba a caer en la ciudad. Tras realizar la parada obligatoria en la “esquina del internet” para intentar ponernos de acuerdo con Mel y Yas (la pareja que habíamos conocido en el aeropuerto), para ir al día siguiente a Playa Larga, lugar que habíamos marcado como nuestro siguiente destino.

Cuba - Habana

Y así nos despedimos de La Habana, sus colores, su música y de la amabilidad de Jorge y su familia.

Dónde alojarse

Como os hemos contado, nosotros nos alojamos en casa de Jorge, a apenas 5 minutos andando del capitolio: Enrique Barnet (Estrella) número 110 (altos) entre Ángeles y Rayos.

Jorge y su familia

Es una casa típica cubana y las habitaciones son muy amplias tienen un pequeño baño privado. Si estáis planeando un viaje a La Habana y queréis quedaros con él, lo mejor es que lo hagáis a través de AirBnB (Hostal Los Pomier) o contactando con él directamente:

  • georgepl@nauta.cu
  • Tel: (+53) 7861 7929

Más sobre Cuba

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