Playa Larga (o territorio-cangrejo)

Tras un par de días disfrutando de las calles de La Habana, decidimos ir a Playa Larga, aprovechando que Yas y Mel, los chicos que conocimos en el aeropuerto, también iban para allá.

Cuba - La Habana

Como la red telefónica en Cuba no destaca por ser súper eficiente, la forma de quedar fue un poco “siglo pasado”: acordamos una hora en la estación de autobuses pero sin poder confirmar 100% que el plan seguía adelante y sin poder llamarnos en el caso de que surgiese algún imprevisto. Como llegamos un poco antes, mientras esperábamos nos pusimos a negociar precios para llegar a nuestro destino con los taxistas que había en la estación y, que al ser temporada baja, andaban un poco escasos de clientes. Tras una ardua negociación y después de alguna que otra situación incómoda (se nos acercó un taxista para preguntarnos si necesitábamos transporte y el jefe del taxista que nos acabó llevando se empezó a pelear con él alegando que “le estaba robando los turistas”) conseguimos el viaje de Habana a Playa Larga por $20 CUC por persona (el autobús de Viazul costaba $14 CUC pero el taxi tardaba menos y nos dejaba en la puerta de la casa dónde nos alojábamos).

Cuba

Por suerte, el taxista que nos llevó (se llamaba Héctor y era de Cienfuegos) fue encantador. Además fue nuestra primera oportunidad de hablar largo y tendido con un ciudadano cubano. Lo cierto es que muchas de las cosas que nos contó nos dejaron con un sabor de boca bastante agridulce. El tema de los precios de las cosas y sobre todo de los sueldos de la población es irrisorio… por ejemplo, el sueldo medio en Cuba ronda los $15 CUC, pero un alquiler medio también ronda ese precio. Por otro lado, los coches son artículos de lujo (y eso que todos los coches en los que nos subimos tenían más años que nosotros) y cuestan carísimos. Por ejemplo, para que os hagáis una idea, el coche de Héctor era una Lada (una marca rusa) con más achaques y más kilómetros que el más viejo de los coches que podáis encontrar en las calle de vuestra ciudad. Pues bien, costaba cerca de $25mil-$30mil CUC… Vamos, bastante más de lo que te puede costar un coche de gama media en Europa (¡y nuevo!).

Playa Larga

Héctor nos contó que nunca había salido de Cuba y que su sueño era ir a Italia. También nos dijo que tenía dos hijos, uno chiquitito y una chica que estaba becada en una escuela de danza. También nos comentó que a él no le gustaba ser taxista, pero que era el trabajo que te garantizaba un mejor sueldo y una vida mejor, a pesar de ser un trabajo muy esclavo y duro, pues dependiendo de la ruta que hiciese, pasaba largas temporadas lejos de su familia.

El viaje duró unas 2 horas y media. Y aunque al principio íbamos con un poco de miedo por el tema de ir sin cinturón, la verdad es que con Héctor fuimos muy tranquilos :). Además para nuestra sorpresa, en cuanto salimos de la zona más cercana a La Habana las carreteras se volvieron mucho mejores.

Playa Larga día 1

Playa Larga fue el primer lugar donde nos encontramos con calles sin asfaltar. Si lo pensáis, en realidad cuando nuestros padres eran pequeños esto todavía se veía en España, pero para nosotros fue algo muy curioso de ver. La casa de Fèlix y Zoilita (nuestro alojamiento) estaba en una de esas calles sin asfaltar donde unos cachorrillos negros campaban a sus anchas.

Calle Casa Naturaleza

Tras pagar a Héctor y darle un paquete de chuches para su hijo, quedamos con Yas y Mel para ir a “la cueva de los peces” un par de horas más tarde. Acordamos que nos pasaríamos nosotros por su casa y que de ahí buscaríamos como llegar.

Una de las cosas más estresantes de ir de viaje “a lo loco” es que AirBnB no funciona en Cuba (puedes ver las casas, pero no puedes reservarlas desde la aplicación en territorio cubano). Así que lo que hacíamos era contactar a las casas a través de la opción de “contactar al host” que ofrece la aplicación y desde ahí acordábamos la duración del viaje y el día/hora a la que llegábamos. Fue por eso que cuando llegamos, Felix y Zoilita no estaban en casa, ¡Nos equivocamos con las fechas! Por suerte una vecina nos ayudó a localizarlos y a la media hora más o menos aparecieron. Y fueron sin duda las personas más encantadores y la casa más bonita de todo nuestro viaje.

Lagartija Cuba

Zoilita nos preparó unos zumos de bienvenida (los mejores zumos que hemos probado jamás) que nos llenaron de energía para el resto de la tarde. Tras ponernos el bañador y coger las máscaras de snorkel, fuimos a buscar a Yas y a Mel con la única información que teníamos en nuestro poder: “estamos en la casa del ingeniero”. Por supuesto nos perdimos y empezamos a andar en dirección contraria. Tras media hora andando bajo el sol abrasador, y tras llegar a lo que parecía el final del pueblo, se nos ocurrió preguntar a unos chicos que pasaban en bicicleta. Nos confirmaron que efectivamente habíamos ido en dirección contraria. Por suerte deshicimos el camino y conseguimos encontrarlos (y menos mal que aunque llegamos muy tarde todavía nos estaban esperando).

El taxista con el que viajamos por la zona de Playa Larga, Ruben (sin acento en la “e”), nos contó que era época de cangrejos rojos y que para ir a la cueva de los peces había que pasar por la zona donde andaban los cangrejos. Nos dijo que no quería ir por ahí porque por lo visto estos bichillos pinchan las ruedas de los coches. Nos pareció un poco exagerado, y la verdad es que por el camino vimos algún que otro cangrejo en la carretera pero tampoco muchísimos (aunque acabamos viendo la verdadera invasión “cangrejil” un par de días más tarde).

Cangrejo Playa Larga

La cueva de los peces está a apenas 13 kilómetros de Playa Larga (en playa Girón). Es un cenote muy bonito (pero de agua bastante oscura) que tiene fama de ser un buen sitio para ver peces y  bucear. En la cueva en sí, estuvimos más bien poco, pues el agua estaba un poco turbia y no se veía nada… Lo que sí vimos fue “perros de costa” por primera vez, que son unos pequeños lagartos de unos 15-20 centímetros que paseaban entre los árboles.  Lo que más nos gustó de la zona de la cueva de los peces fue lo que había al otro lado de la carretera: el Mar Caribe con sus aguas azulísimas y un excelente arrecife de coral lleno de peces de colores.

Perro de Costa - Cuba

Ahí estuvimos nadando bastante tiempo disfrutando del agua clara, de los peces y de los corales. Yas y Mel, mucho más valientes que nosotros, se adentraban muchísimo en el mar y vieron más especies que nosotros, aunque para nosotros fue un día increíble. Además yo me quedé un rato más largo que Borja en el agua y encontré un tipo de pez que no había visto nunca antes y que me fascinó: parecía de mármol y era de color azul (que cambiaba según le diese la luz) y blanco. Increíble. (Tras mucho tiempo viendo fotos de peces en Google os puedo confirmar que se trataba de un “índigo Hamlet”). Por supuesto con la torpeza que me caracteriza, cuando puse la GoPro a grabar, lo hice al revés. Cuando creía que estaba encendida estaba apagada y viceversa. Os podéis imaginar la calidad de los vídeos de ese día…

Tuvimos que irnos porque empezó a llover y Ruben nos dijo que con la lluvia salían los cangrejos a la carretera y que quería irse. Aunque sí que había más cangrejos que a la ida, tampoco nos parecieron demasiados. Como seguíamos con ganas de Playa, Rubén nos paró en otra zona para darnos un último baño mientras se aproximaban nubes negras de tormenta.

Tormenta en la playa - Cuba

Para ese entonces la lluvia ya había parado, pero se podía ver la tormenta en el horizonte y el cielo seguía cubierto por nubes oscuras. Mientras nos bañábamos en el mar, observamos algo espectacular: en el horizonte se empezó a formar un tifón. Como de la nada, una parte de la nube empezó a bajar hacia el mar con forma de embudo. Bajó relativamente rápido, pero “desafortunadamente” desapareció igual de rápido antes de llegar al mar (por lo que la única foto que tenemos es mental).

Tormenta en la playa - Cuba

Como el tiempo no era demasiado apetecible para estar en la playa, según salimos del agua decidimos ir a casa para dejar la ropa de playa y salir a dar un paseo durante el cual aprovechamos para hacer una parada en el punto de internet que en el caso de Playa Larga estaba en una plaza llena de perros callejeros y un par de tenderetes donde vendían bebidas.  ¡Lo cierto es que había muchísimo ambiente! El punto de internet es un punto de encuentro donde se reúne todo el mundo por las tardes para charlar y tomar algo, además, como no podía ser de otra forma, se escuchaba música en la calle.

Borja al sol

Mientras informábamos a nuestras familias de que seguíamos vivos, aparecieron Mel y Yas dando un paseo, así que nos unimos a ellos. Recorrimos el otro lado del pueblo (el lado opuesto al que habíamos recorrido por la mañana) y acabamos en una playita muy agradable. Como la noche empezaba a caer y ya era hora de cenar, empezamos a volver a casa cuando… ¡Vimos una luciérnaga! Nos hizo muchísima ilusión, pues nunca habíamos visto luciérnagas.

De camino a casa empezamos a ver un gran número de ellas que revoloteaban de un lado para otro iluminando la oscuridad con su luz verde (o blanca si la ves con los ojos de Borja).

Luciérnaga

Cuando llegamos a casa de Féliz y Zoilita, nos esperaba la mesa puesta con una enorme langosta, ensalada, sopa y queso con mermelada de guayaba para cenar. ¡Fue la comida más deliciosa que probamos! En general, toda la comida que preparaba Zoilita era espectacular, estamos seguros de que nos fuimos con -al menos- un par de kilos más. Tras acabar la cena nos pusimos a hablar con ellos y les contamos nuestra emocionante hazaña viendo luciérnagas, a lo que Félix respondió cogiendo una en el jardín para que la pudiésemos ver de cerca. Nos pasamos el resto de la noche admirando la luciérnaga y descubriendo bichos por el jardín (mariposas, escarabajos, libélulas, ranas…) y por supuesto disfrutando de la compañía de Félix y Zoilita que nos hicieron sentir como en casa.

Libélula Cuba

Playa Larga – Día 2

El segundo día por la mañana, hicimos un excursión con Mel y Yas a la reserva de cocodrilos, una vez más, subidos en el coche de Ruben. Sin embargo, antes de llegar, vimos algo que nos gustó incluso más que la reserva: la casa de los “zunzuncitos”.

Ruben y su coche

Cerca de Playa Larga, vive un señor llamado Bernabé. Este hombre tiene un pequeño jardín en la parte de atrás de su parcela. Hasta ahí todo normal. Sin embargo, el jardín de atrás de la casa de Bernabé esconde una importante colonia de zunzunes (colibríes) que campan a sus anchas y que se acercan a él como si fuera uno más. ¡Y no es para menos! Durante el último huracán, para asegurarse de que sus amigos zunzunes estaban bien, Bernabé fabricó en su casa un pequeño refugio cubriendo una zona de la casa con redes, y poniendo dentro de las redes diversas plantas y ramitas para que los zunzunes pudieran volar.

Zunzuncito

Tuvimos la suerte de ver uno de muy cerca y otros muchos volando. Si alguna vez váis por allí,  os recomendamos que vayáis a verlo, pues aunque tengáis muy, muy sala suerte y no veáis ni un solo colibrí, Bernabé es tan entrañable que solo conocerle merece la pena.

Casa del zunzún

Cuando salíamos de la casa del zunzún, vimos a un grupo de gente limpiando cangrejos (pero no los de la carretera, otros más grandes). Estos cangrejos son blancos, con una pinza notablemente más grande que la otra y destacan por su sabrosa carne. Tuvimos la suerte de que las personas que estaban limpiando los cangrejos, nos dieron a probar un trocito. ¡Estaba riquísimo!

Yas, que es muy amigo de coger todo tipo de bichos (serpientes incluidas), se enteró bien de dónde se podían encontrar y decidimos que a la vuelta de la reserva de cocodrilos nos adentraríamos en un manglar a buscar un famoso cangrejo blanco.

Limpiando cangrejos

La reserva de cocodrilos no estaba mal, aunque no fue nuestro sitio favorito. Sin embargo era la primera vez que veíamos cocodrilos tan cerca. Además, hay que tener en cuenta que esa reserva se encarga de asegurar la continuidad de la especie de cocodrilos autóctona. Da mucha penita ver que los pobrecillos solo pueden vivir en la reserva, con su libertad bastante limitada, pero los cuidadores nos contaron historias horribles de como los cazadores furtivos cazan ejemplares salvajes para vender la carne y la piel (nos enseñaron algunos vídeos estremecedores).

Cocodrilos Cubanos

Además de ver cocodrilos, vimos por primera vez una lagartija anolis sagrei, que desplegaba su frill mostrando “una bolsa” de colores muy llamativa. Tras un intento fallido por parte de Yas de cogerla, nos pusimos en marcha de vuelta a Playa Larga.

Como Ruben nos había prometido que iba a pararnos a buscar cangrejos, no le quedó otro remedio, aunque no parecía demasiado contento con la idea. De hecho, yo creo que pensaba que nos íbamos a perder en en manglar (por lo visto mucha gente se pierde) pero tampoco teníamos pensado adentramos tanto como para llegar a ese punto. Tras una larga búsqueda infructuosa, volvimos al coche. Sin embargo al llegar, justo pasaban un hombre y un niño en bicicleta con una bolsa llena de cangrejos. Tuvieron la amabilidad de parar y enseñarnos todos los que habían cogido, sin embargo nos dijeron que llevaban unos días con muy pocos cangrejos y que además había que adentrarse mucho en el manglar, algo que nos desaconsejaron firmemente.

Buscadores de cangrejos

Tras una parada técnica para coger el bañador y tomarnos un zumo reparador de los que hacía Zoilita para que Borja se recuperase porque el pobre no se contraba muy bien (Mel y Yas estuvieron de acuerdo en que eran los mejores zumos del mundo), nos fuimos a dar un baño a la playa. Intentamos convencer a Ruben de que nos llevase otra vez a la cueva de los peces, pero se negó firmemente y nos acabó dejando en una playa cercana a una especie de hotel. La playa no estaba nada mal, pero no había nada de coral, y por lo tanto no había peces.

Playa Larga

Después de comer unas chuches y unas tortitas de arroz destrozadas que llevábamos en la mochila, acompañadas de ron y un puro que tenían Mel y Yas, decidimos sobre las 3 de la tarde, que nos íbamos andando hacia la cueva de los peces a buscar otra playa.

Tras un buen rato andando (no se si fue mucho tiempo o es que simplemente hacía mucho calor), llegamos a lo que parecía la entrada a un camino hacía la playa. Mientras esperábamos a Yas -que había desaparecido cazando una largartija negra- empezamos a adentrarnos por el camino, cuando nos topamos de frente con un un coche en el que viajaba una familia cubana . Preguntamos que si por ahí se llegaba a la playa y nos dijeron que mejor que no fuéramos por ahí porque era una zona para hacer brujería. Las cosas como son, nos lo creímos regular, pues ellos más que de hacer brujería parecían que venían de disfrutar de un picnic en la playa… Sin embargo decidimos no arriesgarnos, pues la familia se quedó con el coche parado en la entrada del camino mirándonos fijamente para asegurarse de que nos íbamos de ahí… nunca se sabe. Aunque si no hubiera sido por eso, no habríamos tenido la suerte de conocer a Aníbal, el que fue y será por siempre nuestro taxista favorito de nuestro viaje a Cuba.

Cueva de los peces

Tras el incidente de la brujería, seguimos caminando bajo el sol abrasador. En un momento determinado, un taxista se paró a preguntar si necesitábamos un taxi. Los chicos contestaron que no, pero Mel y yo decidimos acercarnos a preguntar (nunca se sabe). Nos llevamos una gran sorpresa al saber que llegar a la cueva de los peces nos iba a costar mucho menos (15 CUC ida y vuelta) que el día anterior, y que además no había problema con los cangrejos de la carretera. Lo peor fue enterarnos de que el precio que habíamos pagado el día anterior era un timo… Pero bueno, eso es lo que pasa cuando llevas la palabra “turista” escrita en la frente. Y así, sin más dilación, nos subimos en el coche de Aníbal.

Tami en la playa

Como ya os hemos dicho, Aníbal fue nuestro taxista favorito. Súper educado, con muchísima conversación y muy, muy agradable. Además su taxi, un imponente Rambler de color azul, tenía una pequeña televisión donde se veían sin cesar vídeos de música latina . Aníbal nos contó que a él en realidad no le gustaba ser taxista. Aníbal era ingeniero agrónomo de profesión. Sin embargo nos contó que desafortunadamente su profesión (como muchas otras en el país) está muy mal pagada (unos 30 CUC al mes), por lo que le salía mucho más rentable ser conductor. Una auténtica pena la verdad…

Coche de Aníbal

Tras un pequeño recorrido en coche, llegamos a la playa de la Cueva de los Peces. Por supuesto nos pusimos a remojo enseguida disfrutando de todo tipo de peces que nadaban a nuestro alrededor. Lo más curioso que vimos fue una rémora (que al principio parecía que estaba nadando Boca abajo o aplastado), un pepino marino enorme, un ermitaño bastante grande, una variedad de estrella de mar que nunca habíamos visto antes… Disfrutamos muchísimo del baño :). Lo único malo fue que Borja estaba con un golpe de calor desde por la mañana y tenía un poco de fiebre por lo que se tuvo que salir al poco tiempo y no pudo disfrutar tanto como los demás… La GoPro, en solidaridad con Borja, también se vio afectada por un golpe de calor y no grabó nada de nada ese día.

Como pez en el agua

Tras un par de horas a remojo y tras pactar con Aníbal que él sería nuestro taxista al día siguiente para llevamos a Cienfuegos y más tarde a Trinidad, nos fuimos de vuelta a Playa Larga. En el camino de vuelta había más cangrejos que el día anterior, pero tampoco lo que nos habíamos según las descripciones apocalípticas de Ruben.

Aníbal nos dejó en la plaza de “internet” donde nos sentamos a buscar un lugar donde quedarnos las siguientes noches. Mientras navegábamos por internet, Yas descubrió una panadería que tenía pan recién hecho. Nos comimos más de una barra entre los 4. No se si fue compartir elpan, las tortitas de arroz, las chuches o el ron… Pero desde ese día los 4 nos hicimos inseparables :).

Yas y Mel

Al llegar a casa, Félix nos estuvo enseñando a su “ejercito” de palomas mensajeras que viven en su tejado. Félix es entrenador profesional y nos tuvo contando como se entrena a las palomas, los cuidados, las técnicas… todo muy interesante :). Nos enteramos además de que Félix había sido antes barbero y que además había estado en la guerra de Angola. Una vida muy interesante :). Además nos dio unos mangos recién cogidos del árbol. Sin duda lo mejor de Playa Larga fue conocer a Aníbal, a Félix y Zoilita, quien por cierto nos había preparado otra cena maravillosa esta vez compuesta de pescado con comino, tamales y camarones.

Al día siguiente salíamos súper temprano, pero aun así Felix y Zoilita se levantaron para despedirse y ofrecernos un desayuno. Además Zoilita, tuvo el detalle de preparar uno de sus zumos maravillosos para Borja, el cual previamente había congelado para que se mantuviera frío más tiempo, y así evitar que le diera otro golpe de calor. Además nos regaló una pulsera a cada uno para que nos acordásemos de ellos… Pero no hace falta nada material para acordarse de gente tan entrañable y encantadora como ellos. Cuando nos despedimos, tenía un nudo en la garganta y debo reconocer que estuve a puntito de llorar…

Con Feliz y Zoilita

Y así terminaron dos días increíbles con personas increíbles en Playa Larga.

Dónde quedarse y contactos

En Playa Larga os recomendamos la casa de Féliz y Zoilita, “Hostal Naturaleza”. Está situada en el Barrio Mario López.

Podéis encontrarla en AirBnb o a través de sus datos de contacto:

  • Email: alberto.tornet@nauta.cu
  • Tlf. +53 522 83 64 24
  • Móvil: +53 530 45 707

Más sobre Cuba

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