Trinidad: agua, ron y miel

La ciudad de Trinidad fue todo una sorpresa.

Habíamos oído por parte de muchas personas que era una ciudad muy bonita, pero no nos esperábamos que fuese TAN bonita. Según llegamos a la casa de Raúl, nos cambiamos de ropa y salimos disparados a descubrir la ciudad junto con Yass y Mel (que se alojaban no muy lejos de nosotros).

Trinidad - Cuba

Trinidad es la capital de la provincia de Sancti Spíritus. Esta bonita ciudad fue fundada por la corona española en 1514, y  es una de las ciudades coloniales mejor conservadas en todo America (de hecho, es Patrimonio de la Humanidad). La ciudad está rodeada del mar por un lado y por las montañas de Topes de Collantes por el otro.

La Plaza Mayor es la zona más concurrida de la ciudad (sobre todo por los turistas) entre otras cosas, porque puedes encontrar el punto de internet. Mientras yo me conectaba como podía para intentar reservar una casa en dónde dormir en el siguiente destino del viaje, Borja, Yass y Mel fueron a intentar reservar un viaje al Nicho, una zona con cataratas escondido en la zona del parque natural de Topes de Collantes. Habíamos leído en internet que la carretera era muy mala, y que prácticamente ningún taxista quiere ir… Por lo que sabíamos que no iba a ser una excursión fácil de conseguir (y mucho menos, barata).

Plaza Mayor - Trinidad

Mientras Borja, Yas y Mel se alejaban, empezaron a caer unas gotas de lluvia del cielo, que pronto se convirtieron en lluvia torrencial. Yo me refugié como pude en las escaleras de una iglesia, mientras veía como al otro lado de la plaza el resto se refugiaba en una tienda de souvenirs. La tormenta, muy lejos de escampar se fue haciendo más y más fuerte, convirtiendo las calles de Trinidad en un auténtico río donde, en algunas zonas, te llegaba el agua hasta el tobillo ¡fue increíble!

Trinidad - Cuba

Borja decidió sacrificar su ropa seca y vino a “rescatarme” (pues ya llevaba lloviendo una buena media hora). Cuando llegó hasta la iglesia, estaba calado de arriba a abajo. A los pocos minutos (que parecía que había parado un poco) decidimos volver a la tienda para unirnos a Yass y a Mel. Para llegar tuvimos que cruzar uno de los ríos que se habían formado, por lo que nuestras zapatillas de tela acabaron “inundadas”. Cuando por fin paró, fuimos a la agencia para reservar el viaje, pero era muy caro y la mujer no era demasiado agradable. Intentamos negociar pero fue imposible.

TrinidadDecidimos irnos e intentar buscar un taxista que estuviese dispuesto a llevarnos por un precio más razonable de lo que nos ofrecían en la agencia, y a ser posible, que tuviese un coche con cinturones (pues no queríamos ir en una carretera peligrosa a lo loco). Vamos… que prácticamente pedíamos un milagro. Pero según salimos de la agencia y giramos la esquina, vimos un taxi todo-terreno nuevo y reluciente, aparcado con su dueño al lado. En menos de 5 minutos habíamos acordado con Pepe, el que fue nuestro taxista en Trinidad, una hora de recogida y un itinerario por bastantes menos CUC de los que nos pedían en la agencia.

Súper contentos y con el sol asomando tímidamente entre las nubes después de la gran tormenta, nos fuimos a ver la ciudad. Pasamos por un puestecito de galletas en la calle, donde Yass compró galletas de mantequilla para todos, que nos supieron como el mayor de los manjares.

Trinidad

Empezamos a callejear entre las adoquinadas calles del centro de Trinidad, y decidimos hacernos una foto los 4 en la plaza principal, cuando fuimos abordados por un curioso local. Las cosas como son, el pobre hombre iba como una cuba (nunca mejor dicho) pero fue muy gracioso. Para empezar nos dijo que no nos iba a pedir souvenirs (porque muchísima gente local que te para para hablar en Cuba, te acaba pidiendo algo a cambio), que sólo quería hablar porque le gustaba hablar con la gente… Por alguna razón estaba obsesionado con que Borja tenía unos “ojos traicioneros” y que no le estaba diciendo la verdad. ¡Y eso que todo lo que Borja respondió a las preguntas que nos hizo este peculiar transeúnte, eran verdades como puños!

Trinidad

Una vez el hombre se fue y seguimos andando, pudimos disfrutar de la belleza de la ciudad. Olía a lluvia. Las calles brillaban bajo el sol del atardecer mojadas por el agua de la lluvia, y las nubes se iban hacia las montañas dejando tras de si un paisaje y unos colores espectaculares. La ciudad tenía música de fondo que salía a través de las rejas de las ventanas de la casa, y los niños correteaban jugando en los charcos.

Trinidad

Fue un paseo muy bonito, muy tranquilo y muy agradable. El sol fue bajando poco a poco hasta esconderse del todo tras las montañas, dejando tras de sí un espectacular atardecer.

Una vez se fue el sol, decidimos sentarnos en una terracita en la que había música en directo a tomar algo, antes de ir a cenar. Esa fue una de las pocas noches que decidimos ir a un restaurante en vez de cenar en la casa dónde nos alojábamos, y la verdad es que hay que reconocer que como la comida que te dan en las casas, no hay nada. En los restaurantes suelen faltar muchas cosas de la carta y se nota que los detalles no están tan cuidados como en las casas (aunque también fue mucho más barato). Pero bueno, el caso es que rica o no, la cena nos ayudó a reponer energías para afrontar la excursión que nos esperaba al día siguiente.

Tope de Collantes y el Nicho

La mañana empezó muy temprano, pues para llegar hasta el Nicho hacían falta algunas horas de coche… Así que a las 7 de la mañana ya estábamos sentados con Pepe en el coche, de camino a las famosas cataratas.

Tope de Collantes

El camino atravesando el parque natural Topes de Collantes es muy bonito, y aunque sí que es verdad que en algunos tramos la carretera estaba un poco “pocha”, tampoco nos pareció que estuviese en tan, tan mal estado como para crear el pánico entre los taxistas (también es verdad que depende del coche que lleves). Por el camino atravesamos pueblecitos remotos, ríos, plantas de bambú enormes, puestecitos en los que vendían frutas tropicales de todos los colores y hasta paramos en un par de miradores. En el primer mirador, Yass vio una serpiente y estuvo a puntito de cogerla.

Por el camino se veían también un gran número de árboles frutales. Pepe nos paró para coger unas bayas rojas para comer que había a los lados de la carretera. Sin embargo, lo que más nos llamó la atención no fueron ni la serpiente, ni las bayas, ni siquiera los bosques de bambú… Fueron las pequeñas plantas que había al ras del suelo, que eran de la familia de las mimosas.

Tope de Collantes

Estas plantas tienen la peculiaridad de que sus hojas se “cierran” como si fueran un abanico cuando las tocas. Cuando era pequeña, este tipo de plantas (que se pueden encontrar en el Real Jardín Botánico de Madrid) me tenían obsesionada, por lo que os podéis imaginar la ilusión que me hizo verlas en su entorno natural.

Planta mimosa

Entre bayas rojas, las curiosidades que nos contaba Pepe y el sol ya brillando en el cielo, llegamos al Nicho.

Hay que reconocer  que cuando llegamos se estaba fenomenal, porque era temprano y no había prácticamente nadie, y disfrutamos de las primeras pozas y cataratas sin nadie alrededor. Eso sí, la vuelta fue otra historia. Menos mal que pocos taxistas quieren subir hasta ahí, porque no quiero ni imaginarme como habría estado si no…

El Nicho

Lo primero que hicimos fue llegar hasta el final del camino donde se encuentra la cascada más grande donde te puedes bañar. Desafiando al agua fría, nos dimos un chapuzón súper refrescante. En el agua flotaban algunas frutas que habían caído de un árbol cercano y que soltaban un olor cítrico muy agradable. Pepe nos hizo algunas fotos desde la orilla y luego se fue a ver a un amigo suyo que vivía por la zona mientras nosotros seguíamos visitando las cascadas.

El Nicho - Cuba

Continuamos el paseo llegando hasta un mirador que ofrecía unas vistas impresionantes y luego volvimos a las piscinas del principio, para darnos un último chapuzón. Sin embargo había tanta gente que al final solo se bañaron los chicos (a Mel y a mi nos dio más pereza).

El Nicho - Cuba

Cuando nos encontramos con Pepe de nuevo, nos había traído unos trozos de carne de cerdo súper ricos que le habían sobrado de comer con su amigo. La verdad es que el viaje con Pepe fue una delicia, pues nos cuidó muchísimo y nos paraba para enseñarnos cosas todo el tiempo. De hecho, una de las cosas que estuvo buscando para enseñarnos, fueron árboles del maméi, una fruta que por fuera parece un aguacate con piel de boniato, y que por dentro es de color rojo brillante. No tuvimos suerte y no encontró ninguno, pero nos paró en un puestecito de fruta en la carretera para probarlo.

Puesto de Fruta - Cuba

De vuelta a Trinidad, también nos paró en la casa del café, dónde nos enseñaron el proceso de producción del café cubano. ¡Olía fenomenal! Además en el jardín donde te enseñaban las plantas del café, había zunzunes, con lo cual fue una parada redonda.

Probando Café

Pepe nos dejó en Playa Ancón a la vuelta para que disfrutásemos de un baño antes de volver a la ciudad. Sin embargo, antes le pedimos ayuda para encontrar un coche para que nos llevase hasta Viñales al día siguiente (que estaba como a 6 ó 7 horas de coche). Conseguimos el viaje hasta nuestro nuevo destino por tan sólo 30 CUC por persona, cuando otras personas nos habían pedido hasta 55.

Cuba

Playa Ancón

Esta playa es famosa porque tiene muy buena arena, aguas azules y muchos hoteles de “pulserita”, aunque sinceramente, con un par de horas tienes más que suficiente allí.

Nos vino muy bien para descansar de las horas de coche que llevábamos encima, mientras nos dábamos un baño refrescante en las aguas cristalinas. Nos hizo muchísima gracia que había unas mujeres leyendo dentro del agua en una postura que no parecía nada cómoda.

Playa Ancón

También vimos varios cangrejos hermitaños y por supuesto, “perros de costa” que campaban a sus anchas.

Acabamos el día cenando en un restaurante (una vez más) y volvimos a casa para tomar una copa de ron en una de las terrazas de Raúl, con la idea de salir de fiesta. El restaurante parecía “muy local”, y una vez más, las cosas que había disponibles para comer, eran más bien pocas, pero lo pasamos muy bien.

De camino a casa, una mujer nos paró por la calle para pedirnos que por favor le comprásemos una lata de atún. Sin embargo no llevábamos nada de dinero (habíamos llevado lo justo para la cena). La mujer entonces nos pidió nuestra ropa. Daba muchísima pena la verdad, pero había tanta gente que te pedía ropa (o “souvenirs”) por la calle, que era complicado dar a todos… Y si dabas a uno, te venía mucha más gente. Pero de verdad que te rompía el corazón.

Playa Ancón

Cuando llegamos a casa de Raúl, pedimos permiso para utilizar su terraza, a lo cual respondió encantado con una sonrisa de oreja a oreja, ofreciéndonos hielo, limón y miel para que preparásemos la típica bebida de la zona que se prepara mezclando ron con miel y limón. Raúl fue una de las personas más entrañables que conocimos. Tenía un corazón de oro y unas pestañas infinitas y frondosas que no podías dejar de mirar.

Con Raúl y su mujer

Subimos a la terraza más alta desde la que se veía la ciudad iluminada con algunas luces amarillas. En el horizonte, una tormenta eléctrica hacía brillar el cielo cada pocos segundos con enormes rayos. El viento soplaba con fuerza despeinándonos a todos en la oscuridad de la terraza. La sensación que vivimos en esa azotea, sentados en las mecedoras de hierro forjado de color blanco, “arreglando el mundo” con Mel y Yass, comiendo chuches con pica-pica, con el vaso de ron con miel en la mano (más miel que ron en mi caso) mientras se nos ponía la carne de gallina por el viento que era bastante fresquito, fue súper apacible y tranquila. Fue como estar en casa, sin ningún problema a la vista, sin estrés, sin preocupaciones. Fue, simplemente perfecto.

La terraza de Raúl

La velada acabó en una terraza más baja dónde el viento no soplaba tan fuerte, y con los ojos que se nos cerraban a los 4… No salimos de fiesta, pero fue una noche para recordar. Y así, entre bostezos y con el sabor a miel todavía en la boca, se acabó nuestro tiempo en Trinidad.

Dónde quedarse y contactos

En Trinidad os recomendamos el “Hostal el Pucho”, la casa de Raúl. Está a apenas 5 minutos andando de la Plaza Mayor de Trinidad.

Podéis encontrarla en AirBnb o a través de sus datos de contacto:

Taxis

Pepe, el amable taxista que nos llevó hasta El Nicho, puede ser contactado aquí:

  • Tlf. +53 528  40 327

Más sobre Cuba

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