Lugavegur Trail – Etapa 1

Islandia nunca deja de sorprendernos. Es por eso que volvemos una y otra vez para descubrir nuevos rincones que nos dejan una y otra vez con la boca abierta y por supuesto, con ganas de volver.

En nuestra cuarta visita al país, decidimos visitar una de las zonas que aún no habíamos visto y que llevábamos años queriendo explorar: los Highlands Islandeses.

Para explorar esta zona, lo mejor que se puede hacer es una caminata de mínimo 4 noches y 5 por el Laugavegur trail (que va desde Landmannalaugar hasta Þórsmörk). Una vez llegas al final de la ruta, en Thorsmork, puedes seguir hasta Skogar haciendo el camino de Fimmvörðuháls trail (que como os podéis imaginar, también hicimos).

Por supuesto esta excursión requiere de tiendas de campaña, sacos de dormir, esterillas, comida para todos los días, ropa de abrigo… que hay que llevar a la espalda estilo-caracol. Esto quiere decir que a los más de casi 80 kilómetros de la caminata (básica, sin contar pequeñas excursiones diarias y que sumaron casi otros 20km), había que añadir los 17 kilos que llevaba Borja a la espalda, y los 14 que llevaba yo.  Pero esto no nos paró. Todos los kilos en la espalda, y todos los kilómetros en los pies, merecieron la pena.

El día que aterrizamos decidimos pasarlo tranquilamente por Reykjavik, dando un paseo y haciendo acopio de algunas “provisiones” que sabíamos que íbamos a necesitar durante nuestro camino, como relleno para nuestros sándwiches o una pequeña bombona de gas para cocinar. Tuvimos muchísima suerte con el tiempo, pues nos hizo buenísimo y pudimos disfrutar de las calles de la ciudad sin la nieve y el granizo que nos acompañaron durante nuestra visita a Islandia en invierno unos meses antes.

Además de comprar algunas provisiones,  aprovechamos para tomar una sopa de langosta en el “Lobster Hut“, un puesto callejero que intentamos visitar siempre que vamos porque tienen una sopa deliciosa (a precio de oro, eso sí).

Aunque en realidad, teníamos otra misión: comprarnos un jerséy islandés (Lopapeysa). Llevábamos tiempo queriendo uno, y decidimos que este era el momento. Preguntamos en nuestra casa de AirBnb que dónde era un buen sitio para comprarlo, y nos recomendaron ir a la “Asociación islandesa de tejedores a mano“. La asociación, que se encuentra en medio de la ciudad, es una tienda muy pequeñita donde se genera el caos a la hora de probarse jerséis. Como están hechos a mano, todos son distintos, y tienes que probarte un montón de ellos hasta que encuentras uno que te queda bien. Eso sí, son todos preciosos y el hecho de que estén tejidos a mano con lana de oveja islandesa los hace muy especiales.

Tras más de hora y media probándonos todos los estilos, salimos de la tienda súper contentos, cada uno con una bolsa con nuestros jerséis… Pero no nos dimos cuenta que a cambio nos habíamos dejado otra bolsa en la tienda: la que tenía nuestro recién-comprado gas para nuestras acampadas junto con un par de yogures Skyrr, que son típicos de Islandia y que por alguna razón, estamos destinados a perder, pues en nuestro viaje anterior también perdimos uno.

Por la noche, mientras organizábamos nuestras mochilas para la gran caminata, nos dimos cuenta de nuestro despiste y entramos en pánico pensando que no íbamos a poder cocinar durante nuestro viaje… Así que en una situación de crisis, hicimos algo horrible: cogimos un pequeño camping gas que había en la cocina de la casa y nos lo llevamos. Debemos decir en nuestra defensa que dejamos una nota explicando lo que había pasado y confesando nuestro “crimen”. De hecho estábamos dispuestos a hacer una transferencia para pagar la bombona de gas, pero nunca nos contestaron al mensaje…

Día 1: Landmannalaugar – Hrafntinnusker

Nos levantamos muy, muy temprano para coger el autobús que nos llevaría al comienzo del camino. En la estación, antes de subirnos al autobús, conocimos a dos chicos americanos (Daniel y Jeremy) y a un chico alemán (Sebastian), que también iban a hacer la ruta. Sebastian iba a empezar un día más tarde, pues se iba a quedar una noche en el campamento de Landmannalaugar, pero Daniel y Jeremy iban a hacer la misma ruta que nosotros, por lo que acordamos andar juntos la primera etapa.

Landmannalaugar

El viaje en autobús no se nos hizo nada largo (y bueno… quién dice autobús dice camión con muchos asientos). Pasamos por lugares espectaculares, cruzamos ríos, subimos y bajamos montañas, compartimos anécdotas de viajes con los chicos que habíamos conocido en la estación… Hasta que por fin, entre ríos y montañas de colores, llegamos a la zona de acampada de Landmannalaugar, punto en el que iba a comenzar nuestra caminata.

Landmannalaugar

Tras comprar un mapa del camino (por si acaso nos fallaba el móvil), despedirnos de Sebastian (pues iba a ir una estapa por detrás nuestro) y después de comer algo rápido decidimos emprender la marcha. Sin embargo…¡No podíamos empezar sin bañarnos en los famosos hot springs de Landmannalaugar! Así que desafiando al viento polar que soplaba ese día, nos quitamos la ropa, nos pusimos el bañador y los 4 nos metimos en el agua.

Landmannalaugar

El agua estaba súper limpia y muy, muy calentita. Desde luego mucho más calentita que el río de agua caliente (¡mentira!) que visitamos en febrero. Según te ibas moviendo, el agua cambiaba de temperatura. Era muy agradable y desde luego, para las personas que hicieron el camino en dirección contraria a nosotros, la mejor forma de acabar la caminata. Eso sí, salir del agua fue una tortura.

Tras secarnos como pudimos (a Jeremy se le voló la toalla), ya sí que sí, nos pusimos en marcha. Esa noche teníamos que dormir en la zona más alta de la montaña, por lo que sabíamos que nos esperaba una etapa algo dura… Pero el camino fue tan bonito que se nos pasó hasta rápido.

Landmannalaugar

La primera parte estaba hasta arriba de turistas, pero a medida que avanzábamos (y sobre todo a medida que ganábamos altura), nos fuimos quedando cada vez más solos. Empezamos caminando con Daniel y con Jeremy, pero como solemos ser un poco pesados con las fotos (sobre todo si estamos en sitios tan espectaculares como este), decidimos que nos veríamos directamente en el camping.

Landmannalaugar

Más o menos como a la media hora de haber comenzado a caminar, nos dimos cuenta que lo que peor íbamos a llevar en los días que nos quedaban por delante, eran las mochilas. Nos molestaban por todas partes, nos cansábamos y los hombros nos ardían… Pero no nos quedaba otra que seguir adelante. 

Landmannalaugar

Aprovechábamos cada rincón bonito para hacer fotos (y de paso nos quitábamos la mochila y descansábamos un rato). Algo que nos gustó mucho de este hike, es que conocimos a mucha gente. Además de los chicos que conocimos en el autobús, por el camino hablamos con una gran cantidad de personas que eran de todas partes del mundo: Israel, Estados Unidos, Australia… Y todo el mundo era muy agradable y simpático. ¡Había un ambiente muy especial! Ese día coincidimos con una familia americana encantadora que iba con dos niños haciendo todo el camino, y era el cumpleaños de uno de ellos. Era muy gracioso porque los padres se lo iban diciendo a todo el mundo, y la gente le iba felicitando por el camino y por el campamento. El niño estaba feliz :).

Landmannalaugar

Cuanto más avanzábamos, más impresionante se volvía el paisaje. En algunos puntos, el color de la tierra cambiaba de marron a amarillo, a rojo, a verde e incluso a azul. También eran azules las aguas de los pequeños lagos que se veían entre las distintas depresiones del paisaje, cuyo color se asemejaba bastante al del famoso “Blue Lagoon“. Era un paisaje tan espectacular que parecía un decorado de una película. Pronto empezamos a atravesar zonas geotérmicas y a atravesar fumarolas que nos calentaban al atravesar sus columnas de vapor “con olor a huevo duro”. Por suerte, el camino está en todo momento muy bien marcado con estacas, por lo que aunque te encuentres rodeado de vapor espeso, es muy difícil perderse.

Según avanzábamos, los neveros empezaron a hacer su aparición, y la temperatura empezó a bajar drásticamente. y cuando alcanzamos la parte más alta, el paisaje fue cambiando poco a poco: se quedaron atrás las montañas de colores para dar paso a tierra negra dominada por rocas negras tan brillantes que parecían trozos de cristal mojados. De hecho, se trataba nada más y nada menos que de obsidianas (a veces conocidas como vidrio volcánico). Estas rocas son muy afiladas, y de hecho en la actualidad se usan para hacer bisturíes. Andamos con especial precaución por esa zona, pues un resbalón aterrizando los filos afilados de las obsidianas te podía dejar bastante fastidiado.

Tuvimos que atravesar varias zonas bastante largas de neveros, lo cual nos ralentizó bastante la marcha (sobre todo en las zonas que la nieve estaba medio derretida y andabas sobre una especie de granizado en el que se te hundían las botas). 

Landmannalaugar

En el camino, cuando queda menos de un kilómetro para llegar al primer campamento, hay un memorial dedicado a Ido Keinan, un joven de 25 años procedente de Israel, que en 2004 se perdió en una fuerte tormenta y nunca llegó al refugio. La verdad es que ver el memorial da muchísima pena, sobre todo cuando descubres que en apenas media hora llegas al campamento… Pero supongo que este tipo de cosas te ayudan también a ser consciente del peligro y a saber que todas precauciones son pocas cuando caminas por la montaña.

Landmannalaugar

Cuando por fin llegamos, montamos nuestra tienda de campaña rodeada de un pequeño murete de rocas volcánicas que ayudaba a protegerla del viento. A los pocos minutos de haber empezado a montar la tienda, empezó a llover a cántaros, pero por suerte nos dio tiempo justo a montar la tienda, guardar las mochilas y resguardarnos dentro de nuestros sacos de dormir. 

Landmannalaugar

Cuando cesó la lluvia, nos preparamos una sopa de sobre en el camping gas (suena muy triste, pero nos supo a gloria) y nos fuimos a buscar a Jeremy y a Daniel, que sabíamos que estaban acampados por la zona. 

Landmannalaugar

Encontramos a Daniel (pues Jeremy estaba muy cansado y se había ido a la tienda) y decidimos hacer un pequeño hike antes de dormir aprovechando que se había quedado un atardecer muy bonito. Subimos a una colina cercana desde la que había una vista bastante buena del paisaje y del campamento. Cuando bajábamos por la colina, la lluvia volvió a hacer su aparición acompañada por un viento gélido, por lo que nos despedimos de Daniel rápidamente (tras acordar una hora de salida al día siguiente) y nos fuimos a refugiar dentro de los sacos, donde dormimos como dos “obsidianas” escuchando como la lluvia golpeaba nuestra tienda.

Y así acabó la primera etapa de uno de los viajes más increíbles que hemos hecho nunca. 🙂

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